El misterio de la fe es el misterio que no se resuelve, que sencillamente se vive. ¡Qué empeño por entender todo!...

Querida amiga: lo confieso, me da pena que acabemos este intercambio epistolar, reflexivo, sensitivo y no sé qué más cosas. Pero...

Querida amiga, al hilo de nuestra última conversación (¡gracias por el bizcocho, estaba delicioso!) me animo a seguir reflexionando contigo...