No quiero que se vea mi rostro, demasiadas veces cubierto de besos que traicionan mi alma. Mi cuerpo de mujer es capaz de engendrar vida, mi cuerpo es misterio, es espacio habitado, templo sagrado.
Esta semana el belén de nuestra iglesia nos lleva a la realidad de las mujeres víctimas de la trata y la explotación sexual. Escuchamos el testimonio esperanzador de Loveth, quien consiguió salir de la situación de prostitución. Oramos por quienes, como ella, lo han superado y buscan rehacer su vida, y por quienes siguen hoy enredadas en esas redes de violencia y abuso.
«Mira, concebirás y darás a luz un hijo, a quien llamarás Jesús. Será grande, llevará el título de Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, para que reine sobre la Casa de Jacob por siempre y su reinado no tenga fin» (Lc 1, 31-33).

