cosmética alt

Tiempo de cosmética

Tras el tiempo de Navidad, tras las cortinas de los regalos, las felicitaciones, las bellas liturgias, los cantos hermosos, el contenido teológico que subyace, tras todo eso, me pregunto si, en este tiempo ordinario, seremos capaces de encarnar todo lo vivido las semanas anteriores.

El tiempo ordinario no se compone de semanas que rellenan las fiestas importantes como la pascua o la Navidad. El tiempo ordinario no es un relleno de almohada sino que es ese espacio que nos ayuda a ordenarnos, a volver a la armonía, al cosmos. Cosmos viene del griego kosmos y significa eso, orden, porque el orden expresa belleza, por eso la cosmética, es la belleza de un rostro ordenado, que muestra lo que es, sin ocultar su verdad. La cosmética no debería ocultar lo que existe sino revalorizarlo, hacerlo visible de tal manera que provoque admiración. Pero, claro, quizás la cosmética tenga que estar en los ojos de quien mira.

Así pues, en este tiempo ordinario, cosmético, tenemos la tarea de recuperar lo vivido en la Navidad y, ya fuera de los focos y del escenario, encarnar de verdad los personajes que han protagonizado las historias.

Ahora ya se nos ha caído el maquillaje y nos hemos bajado de los tacones, nos vestimos de «diario». Afrontamos un año nuevo que posee un día extra

Que Dios haya nacido de la tierra, y no del cielo, ya nos avisa que esto va de esforzarse y de perder puestos en la escala del éxito humano. Esto no se logra en un par de semanas de espumillón sino que más bien nos lleva toda la vida y varios minutos más. La Navidad es el empujón para continuar con este empeño de hermosear lo que tenemos alrededor, alzándolo, extrayéndolo del barro para conducirlo a la resurrección.

¿Qué hay en mí que precise redención? ¿Qué cadenas, qué prisiones, qué nieblas busco romper, abrir, despejar? ¿Qué manos puedo acoger, qué lugares puedo colorear? ¿Cómo puedo encarnar la vida? ¿Qué miradas he de sostener o cuáles buscar y acariciar?

Hacerme de carne entregada y estremecida, humilde como Ese que partió de cero.

Vivamos estas semanas con verdadera cosmética, con belleza certera, la que enternece, la que hace que una te abrace y otra te sonría aliviada, descansada.

Ahora sí que es el tiempo de la encarnación.

—-

Si deseas, puedes escribir y contarnos…