silencio palabra

Asociación del silencio y de la palabra

Hay un silencio muerto en cada palabra vana pronunciada.

Hay un ruido cavernoso y afilado en cada sonido que no trasciende.

Ojalá valorásemos la riqueza de la palabra y del sonido, así podríamos tener en más estima el silencio intercalado entre palabra y palabra, o el que acoge el vocablo que nace en medio de los silencios.

La gente de campo aprecia mucho lo que se llama “asociación de cultivos”. Hay cultivos que se ayudan unos a otros a crecer y a repeler aquellas plagas que puedan atacar las hortalizas. La naturaleza es sabia y utiliza la comunión y la no violencia para luchar contra los agresores externos.

La palabra y el silencio son una maravillosa asociación que, en el justo equilibrio, tan trinitario, da como resultado la sabiduría, la gratitud y la alegría.

Cuando banalizamos , cuando construimos palabras huecas y las dejamos salir,  de alguna manera asesinamos un silencio que podía haber sido la semilla de un momento de fascinación o de serenidad.

Cuando forzamos el silencio dentro de cualquier relación, en la cotidianidad de la amistad, del amor en sus múltiples expresiones, entonces favorecemos el inicio de una grieta. Así como la palabra puede ser vana en muchas ocasiones, así también el silencio forzado puede ser la minúscula herida que, como una serpiente, comience  a reptar por ese amor delicado, engulléndolo.

Tenemos que hacer el honorable esfuerzo de equilibrar en nuestra vida las palabras  y los silencios, los sonidos y las afasias amables y voluntarias.

Intentó esconderse en el recodo del río,

entre los juncos inmóviles,

en el agua negra,

en la noche que llovía suspiros.

Ahí también deslizaba el silencio

su cuerpo fértil.

“No te escondas”, le dijo el tiempo al pasar a su lado.

Ella abrió su pecho

y dejó que entrase la duda.

El silencio se acomodó en sus venas

e inventó para ella una nueva vida.