Peón caminero en un sendero

adviento suesa 2018

Peón caminero en un sendero

Este adviento ando casi vestida de peón caminero. Sí, me lo he propuesto, he solicitado el puesto y me lo han dado. Es durillo y complicado pero estoy en ello, con empeño. En algún sitio he leído eso de “preparad el camino, allanad el sendero”, y como el ejercicio es muy sano, me he echado al hombro pico, pala, paciencia, cariño y tozudez y estoy venga a picar piedras, a enderezar senderos. O al menos a intentarlo.

Estoy descubriendo que cuanto más y mejor preparo los caminos ajenos, más despejado tengo el mío. No sé si será una oferta de “2×1” pero está comprobado. No pienso mover un dedo para preparar mi interior, “hacerme cuna”, no, me siento llamada a allanar el sendero de quienes intuyo lo necesitan, alfombrarlo incluso si es preciso.

No siempre sale bien pero… Juan lo grita continuamente y como estoy en el desierto con él lo escucho. También Isaías habla continuamente de justicia, de robustecer rodillas que vacilan, de esperanza, de mirar más allá del ombligo propio, de mirar a los otros para poder mirar a Dios. En fin, lo mismo, allanar senderos, reparar brechas, etc.

Hay mucho trabajo, ¿eh?, sí, de peón caminero, siempre hay caminos que necesitan arreglos o mejoras, así que siempre hay vacantes En la oficina de empleo tienes el formulario, pero te dejo aquí uno por si te animas. Lo rellenas, te comprometes y empiezas a trabajar. En principio es solo para el adviento, pero es probable que se prolongue la temporada.

¿El sueldo?, bueno, ya te digo, que cuanto más limpies el camino ajeno más espectacular está el tuyo. Compensa, de verdad, vaya si compensa.

Hala, a currar, que hay mucho que hacer, mucho sendero que allanar, hasta conseguir sacar a la luz una “Vía Sacra”, un maravilloso espacio por el que avanzar, siempre con alguien, siempre con Alguien.

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