Adviento 2017 en una parada de autobús

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Adviento 2017 en una parada de autobús

El adviento me sabe a parada de autobús, a ese espacio en el que te sientas y esperas. No es un espacio muerto, no es tampoco un tiempo perdido.  Si te implicas en el momento puedes conversar con quien tienes al lado, también esperando. Quizás te cuente a dónde se dirige, o a lo mejor tenéis amigos en común y os ponéis al día respecto a viejos conocidos.  A veces también sucede que ese desconocido pierde tal categoría y empieza a ser “el de la parada del bus”, sobre todo si tienes costumbres fijas.

En la parada del autobús te da tiempo a mirar alrededor (si es esa tu actitud), a ver formarse un charco cuando la lluvia arrecia, o a observar cómo los estorninos del Paseo sobrevuelan ruidosos.

Te da tiempo a esperar sin desesperarte y a encontrarle gusto a la espera.

En la parada del autobús puedes ejercer la generosidad al dejarle el sitio a alguien que lo necesita más,… o quizás no, pero tú ya sabes que cada minuto es una oportunidad para realizar un acto de amor puro.

También puede sucederte que llegas a la parada justo en el momento en el que se aproxima el autobús que quieres tomar. No te ha dado ni tiempo a esperar, pero… bueno, una vez dentro del autobús también puedes experimentar vivencias interesantes.

Ahora te encuentras algunas marquesinas en las que tienes conexión wifi e incluso puedes cargar el móvil. Supongo que entonces poco de lo dicho anteriormente será posible, porque viviremos la espera ajenos a ella misma, perdiéndonos al desconocido, al habitual, el charco y los estorninos,  y el minuto amoroso.

A esto me suena el adviento.

A esto y a mucho más.

No tengo intención de esperar la Navidad en una marquesina con posibilidad de conectarme a la wifi gratis.

Prefiero desconectarme de la red y engancharme a los caminos que me llevan a tu rostro.

Que tengas un Adviento lleno de sencillez y cercanía.

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