Siento que en el silencio está la expresión más plena de lo que somos.
El silencio, cada vez más, nos va despojando de lo que creemos ser y no somos, para dejarnos desnudas y así poder comunicarnos con Dios.
En el silencio buscamos la reunificación de aquello que somos, el paraíso perdido, la unidad original y esencial del ser humano antes de la caída
El silencio nos lleva al hondón de una oscuridad que se va desvelando en la medida que nos atrevemos a habitarnos. Al principio es oscuro, por eso muchas personas huyen o lo viven como una huida o un descanso corporal.
No, ni la huida, ni el mero silencio es el silenciamiento que Dios nos regala. El silenciamiento es el de atravesar el umbral para quedarnos en quietud, en un tiempo que corre al ritmo del encuentro con Dios, a veces muy lento y otras en una rapidez inmensa…el silenciamiento, es entrar en el tiempo de Dios, que no es el Kronos, sino el Kairós…
El silencio, cuando te sientes llamada a vivirlo, es una succión que te arrastra a ese interior donde el encuentro entre Dios y tú, os hace Uno. De ello sales con renovadas fuerzas de entrega, porque ya sabes que has vivido un regalo y los regalos no son para guardarlos, son para disfrutarlos.
El silencio es un viaje al interior de ti misma y todo viaje es un proceso, necesita un espacio que atravesar y recorrer para volver al punto de partida, con el bagaje y la transformación que ha operado en ti. Por eso necesitamos tiempos de estar, para llegar a ser.
El silencio nos recrea, porque es un acto creativo, contracultural diría yo, y por ello recrea nuestra realidad conocida, le aporta una desvelación, un encuentro con el origen, con la esencia que somos, pero no como un trabajo a realizar, sino como posibilidad de que la Gracia de Dios nos recree.
El silencio también es respuesta anterior a toda pregunta. En el silencio no caben las preguntas, tampoco las respuestas, es el lugar sin lugar y el tiempo sin tiempo, donde se va dando la transformación. Es una nueva gestación, pero sin tiempo determinado. A mi parecer es un proceso progresivo y a veces también regresivo, pero una vez que lo pruebas no puedes dejar de volver a ello, aunque cueste, porque te va regalando una nueva configuración, una nueva manera de vivir y comprender, de estar y ser.
En cuaresma, un ápice más de silencio a nuestra vida.

