Sólo unos minutos y se nos cambió la vida. Sólo unos minutos y todo se hizo barro. Del barro nació el ser humano. El mismo Dios se hizo barro amasado envuelto en un Soplo de vida. Este barro es también comunidad humana, esfuerzo compartido. Con el barro podemos construir los ladrillos de una nueva realidad.
Esta semana desde nuestro belén queremos acompañar la esperanza de quienes lo perdieron todo a causa de la dana del 29 de octubre. Con ellos y ellas, también a tantas personas que cada día, y cada vez más, ven su vida afectada por los desastres naturales y el cambio climático: consecuencias sobre sus viviendas, negocios, campos, ganado, sobre los recursos naturales a los que antes podían acceder libremente. Son las víctimas de la avidez y la inconsciencia de las sociedades consumistas. Se encuentran con la fragilidad de todo lo construido por mano humana y conocen el milagro de estar vivas. Son quienes han hecho real la solidaridad y renacen en la esperanza de volver a construir un hogar y un pueblo.
«José, hijo de David, no tengas reparo en acoger a María como esposa tuya, pues lo que ha concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, a quien llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1, 20-21).

