¡Feliz Pascua de Pentecostés! Esta fiesta es bellísima, tan llena de magia, de posibilidades, tan vinculada al domingo de Resurrección, tanto que podemos considerar que es la misma fiesta vista desde otra perspectiva.
El día de Pentecostés es ese en el que se rompen las puertas, se aflojan las lenguas, se deshacen nudos, se abren nuevos espacios y se generan intersecciones.
Ante el Espíritu, nada queda parado, no es posible quedarse igual, porque la Ruah de Dios es una fuerza que moviliza, que empuja, que te grita y te impela a optar, a moverte, a soltar, a dejarte caer en ese aparente vacío que es vivir confiando absolutamente en Dios.
En este día podemos reflexionar y valorar nuestra vivencia comunitaria. El Espíritu no es sin el Padre y el Hijo. Quienes vivimos en comunidad sabemos que tampoco somos fuera de ella.
No es fácil el equilibrio entre la individualidad y la comunidad pero cuando se vive así, en 3, la riqueza es palpable y la experiencia conduce a una mayor hondura trinitaria.
“El Espíritu sopla donde quiere y cuando quiere”, es un poco friki. A veces nos sorprende con lo que no esperamos, o con lo que no queremos. Tiene una increíble capacidad para generar situaciones nuevas, inauditas, que nos revuelven la vida y nos generan cierta incomodidad. Es así, pero si nos abrimos, podremos descubrir los recovecos de nuestra alma, muchos de los cuales aún desconocemos, y fascinarnos por la belleza inconmensurable que Dios ha puesto en nuestro interior.
Con este plan, ¿cómo es posible decir que no al Espíritu?
A partir de hoy, estamos en el tiempo del Espíritu, no acaba aquí, no lo dejemos pasar.
Feliz fiesta de Pentecostés.
Un abrazo,
P.D. Con esta carta concluimos nuestros envíos, tras el tiempo de cuaresma-pascua. Ha sido una alegría poder acompañaros estos meses. Ahora nos toca prepararnos para la fiesta del domingo que viene, fiesta de la Santísima Trinidad, fiesta de nuestro monasterio. Estamos pensando que… a lo mejor… ¿nos escribís una carta vosotr@s para acompañarnos en esta fiesta? 😉

