Ahora sí que vamos viendo el final de la Pascua, aunque nos quedan 15 días todavía
para seguir experimentando el misterio de Vida que nos desbordó en la Vigilia Pascual.
Por esto mismo, porque aún nos queda tiempo, el evangelista Juan insiste, como en
otras muchas ocasiones en su libro, en que es bueno permanecer en el amor de Cristo.
Permanecer es quedarse en un lugar, en este caso, quedarse en el amor, en-amorarse,
sin cursilerías, con todo el contenido que conlleva vivir en el amor de Dios.
El texto que nos propone la liturgia para esta semana habla de mandamientos, y de
mandamiento, como si para Juan no fuese lo mismo, como si “amarnos las unas a las
otras”, fuese EL mandamiento.
¡Qué sugerente es la palabra mandamiento, o mandar! Qué poco tiene que ver con lo
impositivo, con lo jerárquico, al contrario, mandar es dejar en las manos del otro
aquello que primeramente estaba en las tuyas.
“¡Ah!, entonces, eso está relacionado con la confianza, con saber soltar, ceder… ”.
Sí, con eso está relacionado.
Los mandamientos de Jesús, EL mandamiento de Jesús, no es una imposición, no es una
obligación, no, es un acto de confianza por su parte, un destello del amor que nos tiene.
El Maestro deja en nuestras manos algo que para él es esencial, amarnos. Confía que
así lo haremos, respetando lo que hagamos con esa propuesta, como hace con
cualquiera de las propuestas que nos sugiere a nivel personal, social, eclesial…
Pascua 2024
Jesús nos enseña que mandar tiene su origen en la humildad.
Permanecer.
En-amorarse
Mandar.
Tenemos trabajo para esta semana, ¿eh?

