Así, sin ser demasiado conscientes, nos encontramos en el ecuador del tiempo pascual.
La mitad de un tiempo suele ser un buen momento para hacer valoración de lo que se
ha vivido y de cómo se quiere vivir lo restante. En la liturgia de las horas, por ejemplo,
la hora del mediodía, la hora sexta, suele cerrarse con un momento de revisión de la
mañana. Es la hora de la decisión y de la opción. ¿Cómo deseo que transcurran las
horas que faltan para terminar la jornada? ¿Cuál es mi actitud ante ellas? Los primitivos monjes y monjas hablaban del “demonio del mediodía” porque es una hora que va acompañada, sobre todo en verano, por el sopor, el cansancio de la media jornada ya vivida y la tentación de dejar que el día (la vida) pase sin implicarse en él. Entonces, a mitad de la pascua, ¿cómo quiero vivir lo que falta? ¿Cuál va a ser mi intención? ¿Seré capaz de vencer al “demonio del mediodía” y optar por dar respuesta a ese Cristo que, hasta ahora, ha ido atravesando tantas puertas cerradas y encontrándose con sus discípulos y discípulas?
A partir de este domingo ya no vamos a leer textos en los que conocemos cómo Jesús
resucitado se presenta ante sus amig@s. Jesús ya ha “demostrado” que está, que es,
que vive. La liturgia de hoy nos cuenta cómo es Jesús, cuáles son sus actitudes para con nosotr@s. El cuidado y la guía son características suyas, y también podríamos imitarlas nosotr@s, cuidando y guiando a quien lo necesite.
A lo mejor podemos vivir este día escuchando más y mejor a quien nos busque, provocar, incluso, conversaciones de esas “del alma”.
A mitad del camino… ¿hacia dónde, hacia quién, dirijo mi mirada?
Un abrazo.

