Llevo unos días reflexionando sobre lo que me dijiste en la fugaz despedida del otro día, como si las palabras se te cayeran del bolso, volcadas sin querer exponerlas demasiado. «Me cuesta la Navidad», me dijiste, «me da pereza», y te fuiste corriendo bajo la lluvia, sumergiéndote en la noche, buscando el resguardo de tu coche. No me impresionó, ya me lo habías compartido en estos dos años. Me refiero a los últimos años, porque antes no era así. Las niñas de tu casa ya han crecido. Ahora la mirada es diferente, la infancia, la ingenuidad ya no son refugio. Los recuerdos acechan y hacen daño, se cuelan y amargan. Parece que lo hagan a propósito, que han estado ahí esperando a que no tuvieras asidero.
Me entristece que estos días solo supongan para ti añoranzas de tiempos que no volverán. Imagino que de pequeña ponías un belén en tu casa, adornabas un árbol, ibas a ver otros belenes por tu ciudad. Seguramente en tu cole, de tradición cristiana, cantabas villancicos, estas fechas estaban llenas de referencias al nacimiento de Jesús. Estoy segura de que, cuando eras niña, era casi natural creer; ahora todo eso ha quedado tan atrás que parece una leyenda, un cuento navideño de la tele.
¡Qué impotencia siento! Me gustaría que no fuera así, que descubrieses la belleza del Misterio que celebramos en Navidad, que todos estos días de Adviento, de espera, estuviesen repletos de momentos que te abran a lo que no se ve, a lo que no se mide, pero que es vital para vivir.
Cómo me gustaría que descubrieses la Presencia de Quien viene a ti, Quien hace casa en tu interior para llenarte la mirada de colores, para saciar tu hambre de felicidad.
Cómo me gustaría que tus miedos se diluyeran y te permitieras el lujo de mirar de otra manera la realidad que transitas, de escuchar el murmullo seductor de un Amor que te busca a ti, sí, a ti.
Cómo me gustaría que esta Navidad acariciases la grandeza de lo vulnerable y soltases todo aquello que te impide creer que eres en Dios, que no hay nada en tu existencia ajeno a Él, o a Ella, como prefieras.

