“Estando Jesús en casa, sentado a la mesa, muchos recaudadores y pecadores llegaron y se sentaron con él y sus discípulos” (Mt 9,10)
Hoy celebramos la fiesta de san Mateo, uno del grupo de los Doce y que la tradición identifica como autor de uno de los cuatro evangelios canónicos. El pasaje evangélico que nos propone la liturgia de esta fiesta nos muestra la llamada de Jesús a Mateo a seguirle, es decir, a que se convierta en su discípulo. A continuación, entramos en una casa a la hora de comer, y parece que una casa con mucha gente diferente: Jesús, sus discípulos (¿y discípulas?), publicanos, pecadores, fariseos…
El texto empieza con Mateo sentado en la mesa de los impuestos, probablemente solo, enfrentado y dividido. No se vuelve a mencionar explícitamente, pero seguramente es una de los comensales en esa casa llena de gente. Quizás lo que siente allí, envuelto de personas conocidas atraídas y transformadas por Jesús, es algo como eso…
“Tú, Jesús, nos has traído a la mesa de la vida compartida,
donde nos enseñas tu Reino.
Mesa donde aprendemos a levantar la cabeza,
a mirar y dejarnos mirar,
a descubrirnos ante el perdón y la bondad.
Mesa donde somos acogidas gratuitamente,
donde hay lugar para todas y aprendemos a hacernos espacio,
donde el miedo va retirándose ante el amor.
Mesa donde el alimento deja de ser derecho que exigir y proteger
y se vuelve oportunidad para servir y dejarse servir.
Mesa que aprecia nuestra presencia
y no tiene sentido sin la tuya.
Mesa sencilla que nos pide ser generosas en el dar,
responsables en el tomar,
agradecidas en el recibir.
Gracias, Jesús, por traernos a esta mesa”.
Oración
Nosotras también te damos gracias, Jesús, por tu llamada a compartir la vida contigo y con las personas que has puesto en nuestro camino. Gracias por la comunión que va creciendo en nuestras vidas. Amén.

