Aún aletean por la nave y el coro retazos de oraciones, cantos, silencios, pausas, pisadas, dolores, deseos, búsquedas…
Aún hay vibración en nuestra iglesia, restos de la vivencia, inenarrable, de la vigilia pascual.
Ahora sí que empieza todo. Desde el principio de la cuaresma sabíamos que este momento es el comienzo de todo. Todo nace de la resurrección, no es el final de un camino, qué va, es el auténtico momento en el que el reloj echa a andar.
La fiesta de la resurrección nos devuelve la realidad de que el presente es esa breve pausa que habita entre lo que no existe (pasado) y lo que no existe (futuro), por eso es tan único el presente, por eso hay que vivirlo abiertas, desnudas y permeables.
Cristo resucitado es un presente continuo, ¡aleluya!, porque existe, porque ES, sencillamente, ES.
Nuestra iglesia, la hospedería, la campa, todos los espacios de la casa están perfumados por la intensidad de lo vivido. Los susurros de las confidencias y lo compartido aromatizan los lugares…
El corazón de la comunidad, el corazón de cada una de nosotras está hoy traspasado por la luz de Jesús resucitado y por el reflejo que de Él habéis dejado en nuestra casa.
Gracias, a todas y a todos.
Desde el principio de todo lo que nace, ¡feliz Pascua!

