La escucha en la Navidad

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La escucha en la Navidad

La escucha en el tiempo de Navidad tiene quizás mayor potencia que en cualquier época del año. La Palabra se impone, la Palabra de Dios hecha espacio y sonido acapara nuestro presente.

La promesa de Dios se ha realizado, ha descendido a nuestro lado, se ha hecho uno de nosotros y requiere nuestra atención.

La Palabra pide nuestra escucha. Si en el Adviento se precisa una dosis mayor de vela, en la Navidad se nos pide que nuestras entrañas escuchen como si por vez primera disfrutáramos de ese sentido.

Escuchar con los oídos, con las entrañas y con el corazón.

Escuchar a quien queremos, a quien tenemos al lado, a quien no nos gusta y al de lejos.

Escuchar con la mirada, y también con las manos, con toda la piel, acariciando lo que vemos y percibimos.

Escucha fiel, atenta, simpática, empeñada en hacerse uno con lo que escuchamos.

Escucharla realidad de la vida, lo hermoso y lo feo, lo que produce luz y lo que la mitiga.

Y la Palabra de Dios, la que está escrita, la que se hace sacramento eucarístico al ser proclamada, pronunciada, orada, compartida. La que exige compromiso y respuesta, la que no deja indiferente a quien la escucha, quien la «ausculta».

Escuchemos, escuchemos más, miremos con ojos de escucha, de querer entender.

Miremos y callemos.