El arte de no necesitar

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El arte de no necesitar

Necesitar, lo que se dice necesitar, necesitamos muy pocas cosas. Pero nos hemos inventado un estilo de vida tan consumista que resulta que necesitamos incluso ser necesitados. Vamos, un lío.

En nuestra vida diaria la palabra necesitar está bastante unida a las palabras «capricho» e «imposición«.

Sí, así de raritos nos hemos vuelto.

Cuando eres una adolescente y te vas quince días de campamento te das cuenta de que has vivido muy feliz, necesitando pocas cosas.

Cuando eres adulto y dejas de mirarte el ombligo, cuando levantas la vista y observas con ánimo de discípulo cómo vive la mayor parte de la humanidad te das cuenta de que tus necesidades, o la inmensa mayoría de ellas, no son tales sino caprichos.

Y por ahí comienza eso de la desigualdad, la injusticia, la solidaridad, y palabras más fuertes que nos suenan a otros tiempos: austeridad, contención,…

¡Bah, paparruchas!, que diría Ebenezer Scrooge.

Quien intenta salirse del círculo caprichoso se encuentra entonces dentro del círculo de la imposición. Porque no, que no es verdad, no nos lo creamos, que no vestimos como queremos, que no nos alimentamos como preferimos,  o que… No, lo siento, seamos claros, nos compramos la ropa que encontramos en los comercios. En todos la misma. Y si alguna es diferente, o bien tiene un precio muy elevado, no porque sea de comercio justo, precisamente, o bien supone que la gente se gire al verte con ella puesta (¿o no me miran a mí si voy con el hábito por la calle?, ¿o si alguien usa prendas que, clarísimamente, no son hipster o vintage sino pasadas de moda y punto?, o bien ha optado por la inteligente opción de aprender a coser o a diseñar.

Tampoco es fácil comer lo que quieras, o, mejor dicho, de la manera que quieras. La ecología y el comercio justo no están al alcance de cualquiera, no por su precio (si es justo es justo, no es «excesivo o caro») sino proque encontrarlo supone un triunfo. Ni tan siquiera puedes cultivar lo que deseas, las semillas que tienes, también eso está controlado.

Conclusión, no está de más, en este comienzo de curso, echar un vistazo a nuestras «necesidades» y «caprichos», ver por dónde nos «imponen», y, sinceramente, escuchar por dónde quiere Dios que caminemos.

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