Domingo XXX. Fiesta del Stmo. Redentor

Domingo XXX. Fiesta del Stmo. Redentor

“Quien se ensalza será humillado, y quien se humilla será ensalzado.”

(Lc18, 9-14)

Hoy, además de ser domingo, ¡la gran fiesta de los cristianos!, celebramos el DOMUND, la Jornada Mundial de la Evangelización de los pueblos, pero no solo eso, la familia trinitaria celebramos la fiesta del Santísimo Redentor. ¡Se nos acumulan los motivos para la FIESTA!

La parábola del publicano y el fariseo parece sintonizar completamente con todo lo que hoy celebramos.

¿Por qué, qué mejor actitud para la evangelización que la humildad de reconocerse pequeña, limitada y con alguna oscuridad? Sí, solo aquellas personas que tienen una profunda experiencia de la misericordia de Dios pueden comunicar al mundo la Buena Noticia de Jesús.

Y en esta misma línea, Jesús, el Redentor, solo puede entrar en un corazón desarmado. La persona que se siente segura de sí misma y de sus obras le cierra las puertas a Dios. Su oración se convierte en lectura de cuentas: “ayuno dos veces por semana, pago el diezmo, no soy como los demás…” Y su pretendida justicia y bondad le hace sentirse con más derecho y mejor persona que las demás. El orgullo nos impide reconocer la necesidad de ser salvadas, la necesidad de ser amadas. Nos engaña, nos hace creer que tenemos derecho a que Dios se fije en nosotras y nos colme con sus bendiciones.

Pero Dios no se deja chantajear. No se deja impresionar por nuestras obras, ni por nuestra lista de méritos. El amor de Dios es pura gratitud y derroche.

El Icono de la Orden de la Santísima Trinidad ilustra magníficamente las actitudes de estos dos personajes. En él encontramos a Cristo Redentor ocupando el centro de la imagen y sosteniendo dos figuras. Una oscura, a la que Cristo sostiene con fuerza por la muñeca, mientras la figura se vuelve con agresividad hacia Cristo y hacia la figura blanca. Es una figura prisionera de sí misma que con su mano derecha sostiene las cadenas que atan fuertemente sus pies.

La figura blanca ofrece una actitud completamente diferente. Se abandona dócilmente en las manos de Cristo y le contempla con ternura, ha comprendido que lejos de la Presencia de Dios se pierde.

Oración

Trinidad Santa derrama con generosidad

semillas de humildad en nuestros corazones

para que la tierra de nuestro interior

florezca para ti y para nuestras hermanas.