Domingo X del Tiempo Ordinario

Domingo X del Tiempo Ordinario

“Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y él dijo: Muchacho, a ti te digo: Levántate.”  (Lc 7, 11-17)

Al leer y dejar que este evangelio empape mi ser me descubro transida de esperanza en las posibilidades que el ser humano tiene de resucitar a otr@s.

Jesús se acerca, no hay otra posibilidad para nosotr@s, seguidor@s de Jesús, que acercarnos a quienes sufren… «El Señor al verla, se compadeció de ella y le dijo: -No llores» (Lc 7, 13). Jesús nos enseña a compadecernos, a acercarnos, a dejarnos conmover y sufrir con los que lloran. Sin embargo Jesús no dice: no llores y no hace nada, sino que  se acerca, y después toca, acaricia, y le devuelve la vida.

Es un progresivo acercamiento que le  posibilita tocar el féretro, palpa lo que contiene la muerte, y lo hace no para retener la muerte, sino para acariciar el dolor, que conlleva la separación y la soledad ante la pérdida de quien ama,  y le devuelve la vida.

Jesús no retiene la muerte, la atraviesa con la compasión y se lo hace sentir al joven muerto, le otorga la vida a través del tacto.

No hay miedo a la muerte, hay calor humano y divino en Él, que comunica  la vida a través de la sencillez del gesto que acaricia, con el cual se entrega y dona.

Traspaso lo que soy al otr@ y recibo del otr@ lo que es, sin miedo.

Dejar que mi vida le llegue y acoger su muerte, en un trasvase de lo que somos, más allá de lo que pensamos ser, y posibilitar que la vida fluya,  para convertirse en Vida.

El “tocar” de Jesús es de vida porque no retiene, porque no es compulsivo, porque no es para poseer, sino para demostrar al otr@ que le importa, que le quiere, que se conmueve ante su sufrimiento, que SIENTE en el fondo de sí, su dolor y su muerte.

“ Y Jesús, se lo entregó a su madre” (Lc 7, 15)

¿Por qué nos da vergüenza acariciar y abrazar entregando lo más sagrado que somos, la vida que nos vive y que no es nuestra, traspasar las barreras de la sensualidad para compartir la sensitividad que somos y otorgar la VIDA de Dios en nosotr@s?

Si somos capaces de acercarnos y acariciar “las muertes” de nuestra humanidad quienes están  muertos se INCORPORARÁN  Y  LEVANTARÁN.

Gracias Espíritu Santo por tantas  manos que se atreven  a acariciar, sin miedo a contagiarse ni mancharse .

Ayúdanos a pararnos

y a cercarnos a quienes viven muertos.

Que nuestras manos sean espacio vacío de apropiación,

DISPONIBLES  para  acoger  el dolor

y entregar Tu Amor.