El minuto heroico

El minuto heroico

El minuto heroico

Este minuto veloz ya ha aparecido en alguna de nuestras reflexiones comunitarias.

Todos tenemos ese minuto heroico del despertar diario. Cuando suena el despertador a veces nuestra mente se independiza y susurra: “… un minuto más…, solo un minutillo…” Volvemos a abrir los ojos y… ¡ya han pasado más de quince! Por eso lo llamamos así, “minuto heroico”, porque en ocasiones hay que hacer un acto de voluntad para incorporarse inmediatamente y comenzar el día con ánimo, disponibilidad y respondiendo a la invitación de la vida a sumergirse en ella.

Comenzar el día temprano tiene algo de “creatural” porque nuestros ritmos biológicos están conectados con la naturaleza. Por ello es más fácil orar al amanecer cuando aún la actividad no se ha asentado sobre nosotros. Cualquier corriente espiritual se sirve del tiempo del amanecer y del anochecer para orar o meditar. Tanto en un momento como en otro nuestro espíritu está más en relación con lo sobrenatural y “conectamos” con mayor facilidad.

¿Por qué madrugáis tanto todos los días? nos preguntan habitualmente los numerosos adolescentes que vienen por nuestra casa. Y es entonces cuando les hablamos de la belleza del amanecer, de nuestra conexión con la resurrección, también al alba, del Maestro. Les explicamos que tiene algo de “reyes magos” levantarse cuando sabemos que la mayor parte de la gente aún duerme y orar por ella, velando su descanso, bendiciendo humildemente sus vidas.

Por eso es tan importante el “minuto heroico”, porque rechazarlo es quizás perderse la oración del amanecer como hacía Jesús, porque el alma camina al ritmo de la luz y es hermosísimo orar en la noche en invierno o cantar con la mañana ya amanecida en el verano, tan llena de los despertares de otras criaturas.

Mi alma te ansía de noche, Señor, mi espíritu madruga por ti. (Sal 63)

Te animamos a practicar lo del minuto heroico, no darte la media vuelta ante el inmisericorde despertador sino considerarlo un aliado en esto de vivir conscientemente, especialmente si te decides a hacer el sano ejercicio de madrugar un poco para que tu alma se despierte conectada con Dios.

¡Feliz despertar!