Sábado santo (segunda carta)

Sábado santo (segunda carta)

¡Hola!

¿Qué tal estás? ¿Qué has descubierto? No te lo creerás pero yo he aprendido a lo largo del tiempo a diferenciar los tipos de pájaros, su sonido, su forma de volar. Hay algunos que vuelan como danzando, otros que vuelan como navegando, y otros que son un poco más precipitados y pasan como balas. ¡En fin! sigamos con nuestro paseo.

Ahora nos vamos a detener en una parte de la historia de Dios con Abrahán. ¿Te suena el nombre? Significa “padre de multitudes”. Es el esposo de Sara, que significa “princesa”. Ambos habían dejado su tierra siguiendo la invitación de Dios que les había prometido una gran descendencia. Pero Sara no quedaba embarazada, hasta que por fin tuvo a su hijo Isaac, que significa “el que hace reír”, y es que realmente su nacimiento fue una gran alegría para sus padres. Es en este momento cuando acontece la historia que nos ocupa. Dice así:

Dios quiso poner a prueba a Abrahán, y lo llamó:
-¡Abrahán!
Él respondió:
-Aquí estoy.
Y Dios le dijo:
-Toma a tu hijo único, a tu querido Isaac, ve a la región de Moria, y ofrécemelo allí en holocausto, en un monte que yo te indicaré.
Se levantó Abrahán de madrugada, aparejó su asno, tomó consigo dos siervos y a su hijo Isaac, partió la leña para el holocausto y se encaminó hacia el lugar que Dios le había indicado. Al tercer día alzó  Abrahán los ojos y alcanzó a ver de lejos el lugar. Entonces dijo a sus siervos:
-Quedaos aquí con el asno, mientras el muchacho y yo subimos allá arriba para adorar al Señor; después regresaremos junto a vosotros.
Abrahán tomó la leña del holocausto y se la cargó a su hijo Isaac; él llevaba el fuego y el cuchillo, y se fueron los dos juntos.
Isaac dijo a Abrahán, su padre:
-¡Padre!
Él respondió:
-Aquí estoy, hijo mío.
Dijo Isaac:
-Tenemos el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?
Abrahán respondió:
-Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío.
Y continuaron caminando juntos.
Llegados al lugar que Dios le había indicado, Abrahán levantó el alta; preparó la leña y después ató a su hijo Isaac poniéndolo sobre el altar encima de la leña. Después Abrahán agarró el cuchillo para degollar a su hijo, pero un ángel del Señor le gritó desde el cielo:
-¡Abrahán! ¡Abrahán!
Él respondió:
-Aquí estoy.
Y el ángel le dijo:
-No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ya veo que obedeces a Dios y que no me niegas a tu hijo único.
Abrahán levantó entonces la vista y vio un carnero enredado por los cuernos en un matorral. Tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Abrahán puso a aquel lugar el nombre de “El Señor provee”, y por eso todavía hoy se llama “El monte del Señor provee”.
El ángel del Señor volvió a llamar desde el cielo a Abrahán, y le dijo:
-Juro por mí mismo, palabra del Señor, que por haber hecho esto y no haberme negado a tu único hijo, te colmaré de bendiciones y multiplicaré inmensamente tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena de las playas. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra alcanzarán la bendición a través de tu descendencia, porque me has obedecido. (Gn.  22, 1-18)

Si lees este texto como algo ya sabido seguramente se  te pase por alto lo más importante. Sobre todo si estás pensando que Dios es un sádico que quiere niños inmolados. Eso es una herejía, o una manera de leer, si me los permites, un poco ignorante. Es lo que me ha pasado a mí, así de oídas me resultaba tan cruel… Había algo que no encajaba…. ¡Hasta que lo descubrí!!J

Abrahán que había confiado en Dios parece que no le conoce verdaderamente, aunque es comprensible porque ¿quién conoce a Dios en su profundidad? Es la propia experiencia de la vida quien nos va dando la sabiduría para reconocer al Dios de las sorpresas. Para Abrahán, lo más normal, lo que “todo el mundo hacía” era inmolar al primogénito al dios correspondiente. Cada tribu tenía su dios aunque las costumbres eran parecidas. Les pasaba como nos pasa a nosotros, nos fijamos en lo que hace el vecino, y a veces no hacemos más que imitar costumbres de otros. Por eso no le causa extrañeza que Dios le diga que se ponga en camino con su hijo Isaac. Ahí no está la prueba, hasta aquí, todo es “lo normal”, lo que todo el mundo hace. Pero “al tercer día” de la caminata, ¿te suena esto del “tercer día”? Ya empieza a darnos pistas de que algo sorprendente va a pasar, Dios va a actuar.

Y así es,  Abrahán, atento a la voz de Dios, cambia de actitud, de “lo normal”,  “lo que hace todo el mundo”,  a  seguir voluntad de Dios, aunque le resulte sorprendente, confía. Dios ya sabe que se inmolan niños  pero es un Dios de vivos y no de muertos. ¿Te suenan las palabras de Jesús?  “No es un Dios de muertos, sino de vivos. Andáis muy descaminados.” (Mc. 12, 27)

Abrahán comprende que su Dios no es como los demás dioses, la Biblia cuenta la historia de la relación de Dios con la humanidad. Aquí, empieza a desentrañar quién es Dios, quién es el Creador, el Dios de la Vida, no de la muerte. Este nuevo paso en la fe de Abrahán le lleva a recibir la gran promesa de Dios, “te colmaré de bendiciones y multiplicaré inmensamente tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena de las playas.”

Desde aquí tal vez nos resulte más fácil comprender las palabras de Jesús: “Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos.” (Mt. 8, 22). Dios provée, tú sígueme…

Y es verdad, todo lo que condena, mata, excluye, no viene de nuestro Dios. Ya que estamos en plan de recordar, te invito a recordar todas las sorpresas que Dios te ha dado a lo largo de tu vida, esas que parecían que te llevaban a la muerte y que resultaron ser semillas de Vida. Hoy es un día para dar gracias por todo esto.

¡Un abrazo!