Y esto, ¿para qué me sirve?

Sobre el dolor

Y esto, ¿para qué me sirve?

Sí, sí, ¿para qué me sirve? ¿Para qué tanto trabajo, tanto tiempo empleado en algo a lo que no encuentro sentido, en algo que me hace sufrir, que me hiere?

Quizás ahí radica la confianza. “…esto os sucederá para que…”, nos dice Jesús procurando dejar las cosas más o menos claras. Lo que sucede es que Jesús, a veces, de claro tenía poco, o al menos así nos lo han transmitido los evangelios.

Sí, es complicado, pero no es imposible, es el “sobre-sentido” (que dice Javier Garrido).

Ante el sufrimiento incomprensible, doloroso, cruel y rechazable, ser capaces de mirarlo desde Dios hace que encontremos ese sobre-sentido. La crisis, incluso el mal, como oportunidad para…; ¡ah!, cada cual ha de encontrar, con Dios, su para: ¿crecer, madurar, relativizar, aumentar la confianza y la esperanza, ser más generosa, más entregada?…

Lo que sí es cierto es que crecemos a base de dolor. Una amiga vieja amiga de la niñez crecía, y lo sabíamos, por sus dolores en las piernas.Vamos asumiendo la contingencia de la vida a medida que sumamos cicatrices en las hojas del calendario del alma. Y nos cuesta aceptar eso, pero… es el tributo que pagamos a la sabiduría.

No es bueno ocuparnos constantemente en ahorrarnos golpes. No es necesario ser masoquista y procurar tropezar en toda baldosa levantada, como aquel que le pedía a Dios que le enviara «pruebas» para demostrarle su fidelidad, como si la vida no tuviera ya suficiente con su dosis habitual. No, no es masoquismo, es realismo. La vida duele. Sobre todo si no le encontramos sentido y no sabemos, o no queremos, esperar.

Todo puede tener otro lado, a ti te toca el esfuerzo de girar y mirar de otra manera. Nadie dijo que mirar de forma contemplativa, que es como mira Dios, fuera fácil, pero si tienes perseverancia llegarás a la plenitud de tu alma.

Y es que… esto de VIVIR lleva mucho tiempo. No te rindas. Confía.