La acogida de otras personas, con su realidad cultural y vital, es una de las mejores formas de encuentro entre la humanidad. En un mundo que vemos cada día más polarizado y dividido, en que las diferencias nos desestabilizan, no está de más pararnos a reflexionar sobre la acogida como camino de encuentro, comprensión y compasión.1
Una primera forma de encuentro entre personas es el diálogo. El diálogo es un intercambio de palabras que hace posible el conocimiento mutuo y la clarificación de equívocos. Se desarrolla en el ámbito del logos: los interlocutores salen de su propio ámbito para encontrarse con el otro en una lengua común.
Lo más valioso de este intercambio es que es explícito y busca la objetividad. Por otro lado, es limitado por el hecho de que las palabras pueden ser entendidas de maneras diferentes debido a su carga histórica y cultural, y porque no exige un compromiso existencial.
Sin embargo, hay otra forma de encuentro más allá del diálogo. Una forma en que sí que se da una comunicación vital e incluso comunión. Se trata de la hospitalidad. En la acogida hospitalaria la comunicación es profunda, ya que no se realiza únicamente con palabras, sino también con gestos: entrar en la casa de otra persona o dejar entrar a alguien en la nuestra, dar alimento y bebida, preparar una habitación, dedicar tiempo y atención… Se trata, pues, de una acogida del ser, y no de una acogida de información y conocimientos.
Ambas formas, diálogo y hospitalidad, no son excluyentes, sino que se completan. Gracias a las palabras pronunciadas y escuchadas, la acogida se hace más profunda y personal. A su vez, el diálogo es más fecundo cuando tiene lugar en un contexto acogedor.
En su plenitud, el dia-logos llena su etimología y es una «palabra cruzada»: las palabras atraviesan el espacio existente entre los interlocutores, de corazón a corazón, practicando ellas mismas la hospitalidad recíproca. El encuentro entre personas diferentes, por lo tanto, puede darse cuando las palabras son hospitalarias y no autosuficientes.
Terminamos con unas palabras nacidas de la experiencia del islamólogo Louis Massignon (1883-1962):
Sólo en la medida en que se concede hospitalidad al otro (en lugar de colonizarlo), en la medida en cómo uno comparte con el otro el mismo trabajo, comiendo el mismo pan, es como se toma conciencia de la Verdad que une socialmente. Se encuentra la verdad cuando se practica la hospitalidad.1
- Seguimos algunas ideas del libro de Pierre-François de Béthune, La hospitalidad sagrada entre las religiones (Barcelona: Herder, 2009), 123-126. ↩︎
- Citado en De Béthune, La hospitalidad…, 126. ↩︎

