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Inicio/reflexiones/Reflexión de Sábado Santo

Reflexión de Sábado Santo

 “DENTRO, SOMOS FUEGO, SOMOS AGUA”

(Si deseas escuchar el podcast, pincha)

Vamos a hablar de  dos de los símbolos que son fundamentales  esta noche: El agua y el fuego.

El título de la exposición es “Dentro, somos fuego, somos Agua”.

Somos fuego, somos pasión, nuestro corazón es fuego vivo cuando ama. Sin amar y sin dejarnos amar nuestra vida está muerta. Y Éste es el fuego que esta noche arderá, el fuego encendido por humanos  trascendido por el Espíritu para ser Cristo resucitado, luz del mundo.

En Éxodo 3, la zarza que arde sin consumirse. El amor plenificado no se consume, no necesita material para arder, porque arde en el fuego del Espíritu. Pero este amor que en la Vigilia se hace fuego incandescente, aún no es posible para los humanos, por eso Moisés tuvo que ponerse el velo sobre la cara al hablar con su pueblo. Quien es habitado en plenitud por amor de Dios, no necesita leña exterior para arder porque su fuego es el del Espíritu, es hacerse llama en el fuego del AMOR DIVINO.

Somos Agua, porque nuestro cuerpo está formado por un 80% de agua. Sin agua morimos físicamente, pero también somos seres sedientos de Dios, que en el agua bendecida esta noche, recordaremos nuestro bautismo. Agua viva que dinamiza y fecunda nuestras vidas, haciéndonos miembros de la Iglesia. Quién beba de esta agua ya no tendrá más sed le dice Jesús a la  samaritana. Jn 4,1-42

Esta noche todo comienza en tinieblas, todo está oscuro.

La vigilia Pascual es el paso de la noche al día, de las tinieblas a la luz. Esta noche nos permite volver al origen, al comienzo de la vida plena de Jesús, no al comienzo de la vida física. Hoy todo está por estrenar,  porque todo se ha consumado. No es el origen  del tiempo, sino el principio del tiempo, el Kairós.

Nosotras, como hicieron los discípulos,  esta noche tenemos que descubrir a través de nuestra experiencia Pascual, a Jesús, el ser humano  que completó su camino, en un proceso gradual, hacia la completitud, hasta consumar su humanidad.

Llegar a la profundidad del Misterio que celebraremos esta noche es imposible para nosotras a través de los medios humanos de los que disponemos,  de nuestra mente  y  nuestros sentidos. Lo que esta noche celebramos es el Misterio de la completitud o resurrección.

Las realidades trascendentes no pueden percibirse por los sentidos, por eso tenemos que hacerlas presentes por medio de signos que provoquen en nuestro interior la presencia de la Vida. Esa Vida ya está en nosotros. Debemos descubrirla y vivirla.

Volvemos a los dos de los símbolos que son fundamentales esta noche: El agua y el fuego.

Nosotras podemos ver el agua y el fuego como signos, señales, que son indicios o representación de algo. El signo nos muestra el camino, pero no nos introduce en él. Esto lo hace el símbolo

Esta noche veremos los signos de la vigilia, pero necesitamos vivirla desde el símbolo, que nos invita a  introducirnos en el contenido del agua y del fuego.

Los signos son vistos con nuestros sentidos, como realidad material, pero los símbolos nos introducen en la profundidad del misterio, nos permiten traspasar las barreras conocidas para llegar al significante, a la esencia, al núcleo  y ahí vivir la experiencia trascendente, en este caso del Agua y del fuego.

En la Vigilia de esta noche ya no hay cuerpo, ni muerto, ni vivo, lo que celebramos es la vida sin la materia, sin cuerpo, sino en el trasfondo desconocido donde la vida física, es Vida sin corporeidad.

El fuego y el agua son dos elementos fundamentales para la vida biológica. Del fuego surgen dos cualidades sin las cuales no puede haber vida: luz y calor. El agua es el elemento fundamental para formar un ser vivo. El 80% de cualquier ser vivo, incluido el ser humano, es agua. El recordar nuestro bautismo es la clave para descubrir de qué Vida estamos hablando. Hoy, fuego y agua simbolizan a Jesús porque le recordamos VIVO y comunicando Vida. Éste es el centro de la experiencia pascual.

Pero ni el fuego ni el agua son elementos materiales que podamos agarrar, el agua se diluye en nuestras manos y el fuego no podemos tocarlo, porque nos abrasamos…y éste es el Misterio, la experiencia viva de lo que significan, pero sin aprehenderlos ni agarrarlos. Experiencia trascendente, el Cristo resucitado que nos muestra el camino de despertenecernos para ser otros Cristos, otra Agua, otro Fuego.

EL FUEGO

Lo primero de todo en esta noche es encender el fuego, un fuego que consume lo antiguo, para brillar con luz nueva. Un fuego que alumbra y da calor.

El fuego es símbolo del poder de voluntad, la autoafirmación, calidez, vitalidad, pasión y acción transformadora.

El Fuego es un elemento de combustión, es luz y calor y permite percepción y movimiento. Su fuerza produce la transformación que permite trascender lo viejo y obsoleto, movernos hacia nuevos estados que nos permiten dejar atrás las inercias que nos atrapan en patrones de comportamiento inconscientes.

Por todo ello, templos, iglesias, lugares sagrados siempre tienen el Fuego como elemento presente (las velas), porque el Fuego sacraliza cualquier espacio con su luz, calor y energía.

Imprescindible en cualquier tipo de ritual, el Fuego evoca la presencia divina, el triunfo y la vitalidad del Sol, así como el contacto con el corazón.

Simbólicamente el FUEGO es fuente de Luz y Calor, representando además la chispa espiritual que existe dentro de nosotros. 

Esta noche el sacerdote tomará  el cirio pascual en Sus Manos  y dirá, Cristo ayer y hoy  Principio y fin.  Alfa  y Omega,  Suyo es el tiempo  y la eternidad. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Después se acerca al fuego y prende el cirio Pascual, símbolo de Cristo resucitado.

El Cirio pascual simboliza la luz. La mecha hace fundir la cera, y así la cera participa en el fuego: de ahí la relación con el espíritu y la materia. En el pregón pascual se hace la alabanza del cirio como imagen del lucero que no conoce ocaso: Jesucristo resucitado. »: En la tradición cristiana el color blanco es una participación de la luz creada e increada. Por tanto es símbolo de la vida que vence a la muerte, y es por ello que el blanco representa la alegría de la resurrección de Jesús, la luz que ha vencido a las tinieblas de la muerte. »

EL AGUA

El agua tiene un significado profundo a lo largo de la Biblia

. “La inmersión en el agua simboliza el retorno al estado pre-formal, una regeneración total, un nuevo nacimiento, porque la inmersión representa la disolución de las formas, una reintegración en la preexistencia sin forma, una emergencia desde el agua y una repetición del acto de la creación en el que la forma se había expresado la primera vez” (Eliade)

Desde el mismo comienzo de la Biblia, el agua emerge como un elemento fundamental. En Génesis 1:2, leemos: «La tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo. Y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.» Aquí, el agua se representa como un elemento primordial sobre el cual se mueve el Espíritu de Dios, preparando el escenario para la creación

Gn 6-9 Las aguas del diluvio limpian la tierra de su maldad generalizada mientras preservan a Noé y su familia, quienes son fieles a Dios. Esta dualidad—el agua como destructiva y purificadora—se repite a lo largo de la Biblia y subraya su profundidad simbólica.

En Éxodo 14, el agua vuelve a ocupar un lugar central durante la huida de los israelitas de Egipto. La separación del Mar Rojo en el Éxodo. El agua aquí es el Camino hacia la libertad. El cruce del Mar Rojo se refleja más tarde en el bautismo cristiano, donde el paso por el agua significa la liberación del pecado y la entrada a una nueva vida en Cristo.

Las propiedades purificadoras del agua se enfatizan aún más en las leyes levíticas

La literatura profética del Antiguo Testamento a menudo usa el agua como una metáfora para la renovación espiritual y la bendición divina.

 En Romanos 6:3-4, escribe: «¿No sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús hemos sido bautizados en su muerte? Por tanto, fuimos sepultados con él por el bautismo en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, también nosotros andemos en vida nueva.» El bautismo, que implica agua, simboliza la identificación del creyente con la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Representa morir al viejo yo y resucitar a una nueva vida en Cristo.

Gal 3, 27-28: Porque cuantos en Cristo habéis sido bautizados, os habéis revestido de Cristo. No hay ya judío, o griego, no hay siervo o libre, no hay varón o mujer, porque todos sois uno en Cristo.

El bautismo ejemplifica como el nuevo creyente ha roto con su pasado e inicia una vida nueva, una vida resucitada, mediante su nacimiento nuevo en Cristo. Sumergirnos en el agua es dejar que el agua nos purifique, limpie y nacer renovadas conscientes de ser  hijas de Dios. Es sumergirnos en el agua como ilimitación del amor para nacer de nuevo como hijas, capacitadas para comenzar el camino, el proceso de dejar atrás lo viejo y poder empezar el camino de ir configurándonos cada vez más con Cristo en su Iglesia.

El agua es signo de la nueva vida que comienza con el bautismo. Hacemos pública adhesión a la fe de Jesús, la fe en Jesús, y la fe con Jesús.

Por eso,  dentro somos fuego, somos agua, somos vida a estrenar en la completud del Amor, hecho pasión de amor y agua de bendición en esta noche santa.

19 abril, 2025

Tema: reflexiones, Sabado Santo Etiquetas: Pascua, Reflexiones

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