UN VACÍO LLENO O UN LLENO VACÍO
Jn 19, 38-42 Después de esto, José de Arimatea, que en secreto era discípulo de Jesús por miedo a los judíos, pidió permiso a Pilato para llevarse el cadáver de Jesús. Pilato se lo concedió. Él fue y se llevó el cadáver. [39] Fue también Nicodemo, el que lo había visitado en una ocasión de noche, llevando cien libras de una mezcla de mirra y áloe. [40] Tomaron el cadáver de Jesús y lo envolvieron en lienzos con los perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los judíos. [41] En el lugar donde había sido crucificado había un huerto y en él un sepulcro nuevo, en el que nadie había sido sepultado. [42] Como era la víspera de la fiesta judía y como el sepulcro estaba cerca, colocaron allí a Jesús.
Cada día es una totalidad en nuestra vida si lo sabemos vivir así…En cada uno de nuestros días hay momentos de muerte y de resurrección. Circunstancias y momentos de oscuridad e instantes donde la luz de la resurrección nos envuelve, aunque muchas veces no seamos conscientes de ello.
Cada día es un proceso de totalidad que ocurre desde nuestro amanecer hasta que volvemos a despertar al día siguiente. Veinticuatro horas, una vida. De esas 24 horas, hay unas 6 u 8 que las utilizamos para dormir.
Pero hay un tiempo de Sábado Santo, de vacío, donde ocurren transformaciones en nosotras que no controlamos. Entramos en el tiempo de Dios, el Kairós, el tiempo de abandono, donde dejamos todo lo que somos en Dios. El tiempo y el espacio no lo controlamos, pues no es el tiempo y espacio conocidos, sino una dimensión diferente de los mismos. Es dejar a Dios ser Dios en nosotras, más allá o más acá de lo que ocurra en nuestro interior. El proceso es personal.
- SEPULCRO NUEVO
El Evangelio habla de un sepulcro nuevo, en el que nadie había sido sepultado, Habla de novedad, de un comienzo.
El sepulcro nuevo marca el tránsito entre lo antiguo y lo nuevo, entre la muerte y la nueva vida, entre lo que ya no es, y lo que será en un futuro
El sepulcro nuevo, nos habla de un embarazo que ocurre en las entrañas de la tierra. Un nuevo embarazo cósmico. El embarazo cósmico es gestación de todo el cosmos que después se manifestará en diversas encarnaciones pero ya transfiguradas.
El Sábado Santo, es el día del VACIAMIENTO.
El sepulcro está vacío, es el día donde nos quedamos sin nada, ni siquiera el consuelo de ver a Jesús muerto…pero es un vacío lleno que vibra en la intimidad del sepulcro, es un vacío atravesado por el Espíritu, en las entrañas de la tierra se engendra la novedad de una manera diferente de comprender la muerte.
¡¡¡Nadie sabemos qué ocurrió allí!!!, pero lo que sí sabemos es que el sepulcro quedó vacío, eso sí, con los lienzos y las vendas que lo recubrieron. Sucedió una transformación, una metamorfosis en la materia humana, para que la materia se divinizara, no así en los tejidos con los que envolvieron, que solo fueron testigos de su transfiguración plena.
JESÚS SE DESPOJÓ DE LO ANTIGUO PARA RENACER, no necesitaba cubrirse con lo antiguo, porque la mariposa es bella, porque en su interior lleva la esencia desarrollada en todo su esplendor y capacidad. La planta es bella porque lleva la esencia de lo que es plenificada. Jesús es bello porque toda la divinidad que era , eclosionó en el sepulcro nuevo
Y aquí quiero entrar con una cita bíblica nueva Mt 23,27
¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que os parecéis a sepulcros encalados: por fuera son hermosos, por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda clase de impurezas!
Esto significa que por fuera aparentamos una cosa y por dentro vivimos otra.
Los evangelios nos hablan de que a Jesús le depositaron en un sepulcro nuevo, no en uno blanqueado. Los sepulcros blanqueados son aquellos que por fuera aparentan una cosa, una bonita imagen y por dentro están llenos de miedos, de «debería», de deseos de poder y de control.
Pasar de sepulcros blanqueados a sepulcros nuevos, significa vaciarnos de miedos, de «debería», de deseos de poder y control.
Las ropas, lo antiguo, los miedos, los » debería», los deseos de poder y control lo que no nos sirve para vivir en el nuevo estado de resurrección, es necesario transformarlo.
Lo primero para transformarlos es ser conscientes de ellos. Cuando somos conscientes de nuestra oscuridad podemos atravesarla, y vivir en la Luz que se desprende de esa oscuridad.
Al mirarlo de frente, acogemos nuestra vulnerabilidad, nuestra pequeñez y se convierte en humus, es tierra fértil y buena.
Atravesada nuestra tierra fértil por el Espíritu, nos hace renacer, resucitar a una existencia nueva, donde la esencia que somos lleva la luz propia de nuestra resurrección
Esta transformación que ocurre en la naturaleza a nivel de nacimiento de especies, como la semilla que se pudre para que nazca la planta, o para que el gusano se convierta en mariposa, ocurre en nosotros, cuando nos vaciamos de miedos, deseos de poder y control.
Esto es lo que hizo Jesús:
- No al miedo, lo miró de frente, no dejó que lo dominara y optó por una confianza total y una entrega sin límites
- No al deber, sino, sí al AMOR. No tengáis deudas con nadie, si no es la del amor mutuo. Pues el que ama al prójimo tiene cumplida la ley. Rm. 13, 8
- Ningún deseo de poder, porque su Reino no era de este mundo
- No al control, no controlo ni su vida, ni su muerte, ni a los demás. Pasó haciendo el bien y sanando
Y así nos lo dice el texto escogido este año como lema “ya no habrá más noche”, y añade “y no tendrán necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque el Señor Dios los iluminará, y reinarán por los siglos de los siglos”.
De alguna manera, se apaga la luz artificial para empezar a ser Luz, esa luz divina que todos llevamos en nuestro interior.
El sepulcro nuevo, el nuevo embarazo habla de luz interior, de auténtica transformación interior, donde la luz no alumbra, sino que es en sí misma Luz. Luz con minúscula que impregna de Luz a quienes se atreven a vivir en el útero oscuro y abierto de la tierra fértil.
Es la transfiguración de la materia en espíritu. Lo escondido se plenifica en la gestación de un sepulcro donde el espacio es mínimo. Por eso en el sepulcro no hay lugar para la lucha, sino para la unión de los opuestos, de nuestra oscuridad y de nuestra luz. Es el lugar de la reunificación, donde la totalidad que somos, se plenifica en el Espíritu. Todo lo que somos se llena de Dios, todo lo que somos se diviniza

