¡Alegría!
El domingo IV de cuaresma es el domingo “laetare”, domingo de la alegría.Por si acaso el camino cuaresmal nos está costando un poco, la liturgia nos ofrece este día de especial fiesta. Es importante que se note que es fiesta, que no es un domingo cualquiera sino que es un preanuncio de lo que viviremos en el domingo de dentro de 3 semanas.
¡Tres semanas!, ya solo quedan tres semanas para celebrar la fiesta de la resurrección. Es bueno que, en estos días próximos, nos apresuremos por poner las cosas en orden, ir terminando de colocar aquello que anda desordenado en nuestro interior. Si la cuaresma es una ITV de nuestra vida, la Pascua será algo así como estrenar coche.
Hoy nos recuerda Jesús que podemos nacer de nuevo, que cada día podemos nacer de nuevo. Cuando oramos pidiendo a Dios que nos dé un “corazón nuevo” debemos hacerlo sabiendo que cada día podemos repetir esa petición. Solo Dios es para siempre, lo demás hemos de renovarlo una y otra vez. Esto, en vez de ser algo que pueda generar frustración, al contrario, es fuente de alivio, ¡cada día puedo volver a nacer!, ¡cada día es un comienzo!
El domingo de la alegría nos pone en esa situación, la de transmitir alegría. ¿Tienes motivos para estar triste? Porque si realmente los tienes, entonces oramos por ti y te animamos a que expongas esos motivos a Dios, fuente de todo consuelo. Pero, si eres capaz de revisar tu vida y darte cuenta de que la alegría pesa más en la balanza, ¡entonces sé alegre, transmite alegría, contagia, salta, canta, busca a quien no la tenga, compártela!
Ya no habrá más noche si nos empeñamos en transmitir la alegría que Dios coloca en el corazón. La alegría de la confianza, la de la certeza de estar en el buen camino, avanzando en madurez y autonomía, siendo apoyo y no carga, siendo hueco que acoge, siendo comprensión, abrazo, abrazo y abrazo.
Todo está abrazado por Dios. No hay nada humano que no haya sido traspasado previamente por la presencia de Dios. Esto lo vemos claramente en la cuarta frase del credo. Jesús descendió a los infiernos, hasta lo más bajo, para también ahí estar presente. Él abraza cualquier sufrimiento.
“Creo que Jesucristo descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha del Padre. Desde allí ha de venir a juzgar a vivas y muertas”.
Feliz semana IV
Un abrazo en Dios Trinidad.
Comunidad de Monjas Trinitarias de Suesa

