« Orientado, pues, nuestro camino hacia Dios, nos ceñimos los lomos con la cintura de la templanza; vigilamos con cautela los pasos del alma, disponiéndonos, con las sandalias puestas, para emprender el viaje de la vocación celeste; usamos el bastón de la palabra divina, no sin la fuerza de la oración, para resistir a los enemigos; realizamos con todo interés el tránsito que lleva al cielo, apresurándonos a pasar de las cosas de acá abajo a las celestes, y de la vida mortal a la inmortal».
Este texto de Eusebio de Cesarea (s. IV) es un bellísimo testimonio y un impulso ante el tiempo cuaresmal.
“Vigilar con cautela los pasos del alma”… solo esto daría para un tiempo largo de oración, tan largo que os lo proponemos para estas semanas de cuaresma.
La palabra “vigilar” significa hacer guardia en la noche (como los vigías), significa ver, estar pendiente, mantener los ojos abiertos, atentos.
“Cautela” significa tener cuidado.
Vigilar con cautela nos está hablando de un tiempo de atención cuidadosa, entretenida, delicada.
Eusebio de Cesarea, al que desde ahora voy a llamar “obispo poeta” sabe que el alma no se detiene, que siempre está en marcha pero que es necesario extender los brazos en torno a ella, sin tocarla pero dispuestos a enderezarle la marcha si se desorienta. Como hacemos con los bebés cuando comienzan a andar, extendemos nuestros brazos, atentos, procurando amortiguar la caída.
Qué maravilla la invitación a emprender ese “viaje de la vocación celeste”.
Qué pretensión la del poeta, qué ambición la de la vocación celeste ni más ni menos.
¿Y por qué hemos de aspirar a desarrollar una vocación menor? ¿No anhela nuestro corazón las mayores alturas? En la carta a la Iglesia Hebrea, capítulo 3, se nos dice que poseemos esa vocación, esa llamada. Ahora bien, cada llamada precisa su respuesta y he ahí el viaje, esa es la respuesta.
Nuestra alma, “inquieta y andariega” ya se ha puesto en marcha.
Algo sospecha (sospechar es “mirar de abajo hacia arriba”).
Algo intuye.
Hoy comenzamos la cuaresma. La ceniza en la liturgia, el perfume en el texto evangélico, ha escrito sobre nuestro cuerpo el convencimiento de que Dios acompaña este camino.
Nos caeremos y nos levantaremos, ¿cuál es el problema? Solo hay que vigilar con cautela que el alma no se detenga, sin importar el número de caídas.
La cuaresma nos ayuda a aumentar nuestra Sed, la Sed que es Dios mismo, como Dios mismo es el Agua.
Es tiempo para desear, para soñar, para exponernos ante Dios y contarle y contarnos.
¿Qué podemos hacer en cuaresma?
Algunas ideas:
- puedes leer el evangelio del día
- puedes dedicar unos minutos, los que puedas, 3, 4, 18, a estar en silencio
- puedes compartir algo de lo que tienes
- puedes revisar tu armario y tu vida entera y agradecer todo lo que encuentras
- puedes dar más besos y abrazos
- puedes pedirle a alguien que te ayude a avanzar en tu camino de fe
- puedes comprometerte más con alguna causa social, siempre hay espacios a mejorar
- puedes sonreír más, aunque te duela lo que sea
- ¿ya te hemos dicho lo de dar más abrazos y besos?
- puedes contemplar con gratitud la naturaleza
- ¿y lo de pedir a alguien que te acompañe en el camino de la fe? Ah, ya.
- bueno, y lo de los besos y abrazos
- y… lo que dice el obispo poeta Eusebio más arriba.
Feliz y honda cuaresma, rezamos por ti y contigo.

