Este domingo, tan humilde como una llamita, un sorbo de agua, o una paloma de entre las miles que pueblan nuestras ciudades y campos, es uno de los domingos más importantes del año.
Hoy cerramos el tiempo de Pascua y hay cosas que vuelven a su lugar, a descansar hasta el próximo año. En muchos sitios descansan los cirios pascuales, alguna casulla o estola, determinadas decoraciones…
Lo que no descansa, sino que se activa, es el Espíritu que sopla y sopla, con suavidad, que no es muy amigo de torrenteras de aire sino que prefiere mover dulcemente las hojas del limonero y mitigar el calor que ya empieza a cubrir este día.
Recuperamos lo que llamamos «tiempo ordinario», hasta el adviento, allá por diciembre. Ordinario de «orden», de cosmos, belleza, armonía, que así es la vida cotidiana.
Feliz día de Pentecostés, del Espíritu que lo dinamiza todo, que da movimiento y vida a aquello que aparece dormido.

