Para orar en la mañana del Domingo de Resurrección.
Via Lucis
“…Él va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis, tal como os dijo.” (Mc 16, 7).
Vivir con una mirada nueva como…
1. …las mujeres
“Ellas salieron a toda prisa del sepulcro y, con temor pero con mucha alegría, corrieron a llevar la noticia a los discípulos.
Jesús salió a su encuentro y las saludó.
Ellas se acercaron, se echaron a sus pies y lo adoraron. Entonces Jesús les dijo:
– No temáis, id a decir a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.” (Mt 28, 8-10).
Aquel día, al rayar el alba… ese fue el momento de un antes y un después. Quedamos las mujeres para “cumplir” con nuestra parte, hacer lo que nos tocaba, sin más: limpiar y ungir su cuerpo. Lo habíamos hecho muchísimas veces con otros difuntos, familiares, vecinos, y sin embargo, esta vez era diferente. Aparentemente todas nuestras esperanzas se habían roto dos días antes, pero nuestro corazón de discípulas palpitaba con firmeza y alegría… ¿cómo callarlo?
Canto
2. …Pedro
“Fueron María Magdalena, Juana, María la de Santiago y las demás mujeres que estaban con ellas las que comunicaron estas cosas a los apóstoles. Pero ellos pensaron que se trataba de un delirio, y no las creyeron.
Pedro, sin embargo, se levantó y fue corriendo al sepulcro. Al asomarse, sólo vio los lienzos, y regresó a casa admirado de lo sucedido.” (Lc 24, 10-12).
Aquel día… imposible olvidarlo. Acababa de amanecer y llegaron las mujeres contándonos que habían visto a Jesús, es más, nos traían un mensaje de su parte: que le veríamos en Galilea… “o sea, en la vida cotidiana” pensé yo. Dos días antes estaba negando conocerle y en ese momento estaba creyendo a las mujeres. Algo empezó a vibrar dentro de mí, me levanté y fui corriendo porque quería verlo.
Canto
3. …los discípulos
“Aquel mismo domingo, por la tarde, estaban reunidos los discípulos en una casa con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo:
– La paz esté con vosotros.
Y les mostró las manos y el costado.
Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús les dijo de nuevo:
– La paz esté con vosotros” (Jn 20, 19-21).
Aquel día… por fin empezamos a comprender. Tanto tiempo con Él y no habíamos llegado a conocerle. Mil veces le habíamos pedido grandes señales y otras tantas nos había explicado que el Reino de Dios no se trataba de eso, sino de lo sencillo. Y fue ahí, en la vulnerabilidad de nuestro grupo, donde Jesús se presentó dándonos paz y llenándonos de alegría.
Canto
4. …Tomás
“Después dijo a Tomás:
– Acerca tu dedo y comprueba mis manos; acerca tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino creyente.
Tomás contestó:
– ¡Señor mío y Dios mío!
Jesús le dijo:
¿Crees porque me has visto? Dichosos los que creen sin haber visto.” (Jn 20, 27-29).
Aquel día me venció el miedo y fui incapaz de salir a la calle para reunirme con los demás. Cuando me contaron que Jesús se había presentado en medio de ellos no lo creí, pensé que se estaban burlando de mí, por mi cobardía; así que contesté que tenía que tocarlo, tenía que verlo yo mismo.
Y ocurrió. Vaya si ocurrió…!! Fue cuando tuve valor para salir y encontrarme con los demás. Hoy os digo que es cierto eso que cantáis: “Cuando vencemos al miedo, abrimos el corazón”.
Alegría
Alegría, como la luz de la vida. Alegría.
Como un loco que grita. Alegría.
Del estupendo grito que viene de la tierra, abierta.
Como el impulso de amar. Alegría.
Como un asalto de felicidad.
Alegría. Veo una chispa que brilla.
Alegría. Escucho a un joven cantar. Alegría.
Hermoso y alto grito de paz y de concordia, de amor.
Dentro de mí un destello. Alegría.
Como un asalto de felicidad.
Hermoso y alto grito de paz y de concordia, de amor.
Dentro de mí un destello. Alegría.
Como un Domingo de Resurrección.

