ld al mundo entero y proclamad la Buena Noticia a toda la creación. (Mc 16,15-20)
Este año en el corazón del tiempo pascual celebramos la fiesta de San Marcos. La tradición considera a Marcos, compañero de viaje de Pablo y Bernabé, como el autor del segundo evangelio. Hoy sabemos que la redacción de los evangelios fue mucho más compleja que una persona escribiéndolos de principio a fin. Sin embargo, la fiesta de hoy es una oportunidad para celebrar y meditar acerca de las palabras: la de Dios y las nuestras.
Desde nuestra fe cristiana creemos que la Palabra de Dios es lo primero, es lo que crea el mundo, lo que da existencia a todas las criaturas. Es el aliento de Dios pronunciado, sonido y carne. Es el mismo Dios, y por eso es Vida plena, Buena Noticia para toda la creación.
Los textos del Nuevo Testamento nos hablan de la importancia de nuestras palabras, suave eco de la Palabra de Dios. Los primeros discípulos y discípulas de Jesús después de su Resurrección se sintieron fuertemente llamadas a anunciar y predicar la Buena Noticia.
El evangelio de hoy nos explica que las palabras pronunciadas desde nuestro interior, desde Dios, son palabras que liberan, sanan y comunionan. Para quienes seguimos a Jesús, como para Dios, las palabras y los actos no están separados. Son una misma energía nacida del corazón y de las entrañas que expresan y construyen aquello en lo que confiamos y que amamos en lo más profundo.
Dios nos regala la posibilidad de encarnar su Buena Noticia, de que esta no sean palabras escritas, sino vida vivida.
Oración
Háblanos de ti, Señor Resucitado, y hablaremos de ti pronunciando palabras de paz y de plenitud.

