En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: «Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco”. (Mc 6,30)
Al principio del capítulo 6 del evangelio según Marcos Jesús ha enviado a sus discípulos de dos en dos a curar y predicar. Los ha mandado sin seguridades y sin dinero, sin pan ni bolsa. Lo único que pueden y deber llevar es confianza en grandes cantidades. Ellos se marcharon, no sabemos si asustados o decididos, y ahora regresan.
“Volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho”. Nos los podemos imaginar contado mil aventuras. Cada uno de ellos ha vivido algo diferente, cada uno tiene su experiencia y la comparten con Jesús y con los demás. Están disfrutando de un momento de intensa fraternidad. Jesús les escucha con atención, vibra con el sentimiento de cada uno de ellos. En ese ambiente cálido desea obsequiarles con un poco de descanso, así que los invita a marchar a lugar tranquilo.
Si alguna vez alguien ha sabido leer en tu rostro el cansancio y te ha brindado un alivio, entonces sabes bien la alegría que se siente. A veces solo con que se den cuenta y muestren su deseo de concedernos un descanso ya nos hace sentir mejor. Por eso es hermoso descubrir este gesto tan humano, tan delicado, en Jesús.
Él quiere a sus discípulos, se preocupa por ellos, los cuida. Mira por su bien y se los lleva a un lugar tranquilo para que descansen. Lo hizo con sus primeras seguidoras y seguidores, y lo sigue haciendo ahora. Él quiere que nos reunamos con él a menudo y le contemos todo lo que hemos hecho. Nos espera con paciencia y desea aliviar nuestro cansancio. No es necesario hacer nada complicado: basta con buscar un poco de tiempo cada día, unos minutos de silencio en los que dejemos que nuestros ruidos se aquieten y brote ese descanso que Dios nos regala.
Oración
Enséñanos, Trinidad Santa a volver una y otra vez a ti, y contarte todo lo que somos. Enséñanos a descansar en ti.

