En el Nombre de la Santa e Indivisa Trinidad:
Hace ya algo más de dos meses que iniciamos en la comunidad un tiempo que llamamos “jubileo comunitario”. Jubileo suena a descanso y fiesta y, si bien algo de eso hay, poco, también significa una vuelta a los comienzos. Eso es lo que estamos intentando en estos meses, volver nuestra mirada a la raíz, para poder fortalecer más el tronco, las ramas, las hojas y, si cuadra, hasta los frutos.
Para poder centrarnos en la oración, reflexión y diálogo, decidimos cerrar la hospedería entre semana y también la liturgia, excepto la eucaristía. Esto hace que podamos modificar algunos horarios sin necesidad de estar pendientes de que venga alguien a rezar por las tardes. También nos ayuda a tener menos trabajo y más tiempo para las lecturas de los temas, la reflexión, etc. Por esto mismo no estamos ofreciendo ninguna actividad de cara al exterior.
Estamos hablando de todo, con honestidad, con deseo de abrirnos a los diferentes puntos de vista, con el corazón abierto a dejarse moldear por las opiniones y razonamientos de las demás. Intentamos abrirnos a la sabiduría de la tradición y a la frescura de la juventud. La economía, la liturgia, el trabajo, la autoridad, el ocio, la belleza, la autonomía y el individualismo, la música, las relaciones comunitarias, la creatividad, el tiempo y el espacio, la ecología, el consumo… Aún nos quedan muchos temas, muchos, y los que ya hemos tratado no se han agotado, al contrario, al hablar de ellos, descubrimos que son enormes.
Comenzamos este tiempo jubilar, del que aún quedan casi 8 semanas, con una fotografía de hermanas de la comunidad de los años 50. Todas han fallecido ya. Algunas de las hermanas actuales llegaron a vivir con varias de ellas.
La fotografía, en blanco y negro, fue proyectada en la pared así que tenía un tamaño considerable. Las hermanas, colocadas en diferentes alturas, posaban con el cuerpo de frente a la cámara. Llevan el hábito antiguo, el que se quitó tras el Concilio, y nos miran.
Ellas nos miran desde esa altura metafórica, desde un lugar temporal de hace más de 70 años. Nos miran, y las miramos. Hay un vínculo profundísimo entre ellas y nosotras. Hay una certeza de fidelidad, de empeño testarudo por seguir el soplo del Espíritu en la comunidad y, sin embargo, somos diferentes, afortunada y felizmente diferentes, diversas, al más puro estilo de Dios Trinidad.
Entre esa foto de la comunidad de hace casi tres cuartos de siglo y una foto de la comunidad actual han pasado muchas cosas: miles de horas de oración personal de cada hermana, miles de horas de celebraciones litúrgicas, miles de eucaristías, reuniones comunitarias, amaneceres fríos y atardecederes templados, millones de corcheas, redondas y silencios. Millones de silencios en la música, sí, y en el ir y venir de las hermanas, en el trajinar diario, bajo el “frufru” del hábito al ritmo del caminar.
Entre esa foto y una actual hay litros de lágrimas y decibelios de risas, centenares de arrugas de preocupaciones, varios gallineros, varias localizaciones para la huerta, docenas de reparaciones del monasterio, millones de palabras auténticas y centenares de reproches, miles de minutos de perdón y miles de huéspedes y de personas rezando con la comunidad.
Podríamos seguir así durante cientos de líneas, pero es suficiente porque, como hemos dicho más arriba, entre esa foto de la comunidad de los años 50 y una foto de la comunidad actual hay un vínculo de certeza en la fidelidad a Dios y en la búsqueda de su rostro renovado.
Nuestro empeño en este tiempo jubilar es que, si alguna hermana del futuro, proyecta una foto de nuestra comunidad del año 2025, vea en nosotras la misma autenticidad y el mismo deseo de Dios que tendrán ellas. Nosotras, desde la imagen, quizás no reconozcamos su ropa, su forma de rezar, la habitación en la que están reunidas, o su forma de reunirse, de hablar, pero nos ocupará esa misma certeza de que Dios quiere habitar en nuestra comunidad y nos pide entregarnos a Él, con la flexibilidad que reside en el aliento revitalizador de la Santa Ruah.
Y a vosotros y vosotras que nos dejáis caminar a vuestro lado, os pedimos vuestra oración, que oréis por nosotras, para que nos atrevamos a hacernos preguntas, aun a riesgo de no hallar respuestas. Acompañadnos con vuestra oración, vuestro cariño y también vuestra comprensión.
Así sea.

