En estos días nos sumergimos en un tiempo de retiro, de soledad, de Encuentro.
A veces puede parecer extraño que también nosotras necesitemos unos días de mayor soledad, de mayor encuentro con Dios. No estamos exentas de los vaivenes de la vida, pensar lo contrario es un poco absurdo. Tomar unos días para reorientar la vida, a veces salir de un laberinto, buscar el comienzo del hilo rojo, cotejar las palabras del alma con la oración pausada, la reflexión, la escritura y la contemplación de la naturaleza, es indispensable para retomar el camino y poder ofrecer agua nueva a quienes se acercan a nuestra casa, a nuestras vidas.
Oramos estos días por vosotros/as, por la realidad del mundo que nos desnuda la mirada de ropajes vanos, por lo que habéis ido depositando en el corazón de cada hermana, de la comunidad. Oramos para que Dios nos enseñe a ser discípulas de la vida.
Estos días únicamente abriremos la iglesia para la eucaristía, por si alguien desea participar.
Rezad por nosotras. Gracias.
Porque en el silencio se gesta la vida,
porque la soledad permite el Encuentro,
porque dejarse mirar por Dios libera,
porque nos sabemos vulnerables,
necesitadas del Amor.

