Domingo “in albis” se le llama a este día, por aquello de que quienes se habían bautizado en la vigilia pascual y habían recibido una vestidura de color blanco que debían llevar toda la semana, hoy se la quitaban y pasaban a engrosar las filas de los “anónimos” en la fe, perdían el “protagonismo” tras la fiesta y el jaleo.
Está bien eso de perder protagonismo, cada cosa en su sitio. Necesitamos festejar los acontecimientos importantes de la vida, cómo no, hacer celebración de las alegrías, los logros, los aniversarios… todo nos ayuda a ser más conscientes de que la vida es un presente que es preciso vivir. “Dios es la vida sucediendo”, decía un amigo.
Necesitamos festejar y saber acoger los reconocimientos, las loas y parabienes que a veces nos llegan. Tras ese momento, precisamos aún más engrosar las filas de los anónimos, convertirnos no en columnas sino en cimientos, junto con el resto de personas que, humildemente, afrontan la vida con generosidad y gallardía.
A veces la vida nos presenta esquinas que son difíciles de doblar. La siguiente calle parece lejana. Ahí está Jesús, el Resucitado, recordándonos que todo es proceso, también la resurrección. Él nos regala tiempo y cuidado, invitándonos a vivir en la paz, con la propuesta de que poco a poco haremos el camino hasta esa resurrección que inunda la vida, donde ya no habrá más noche.
Tiempo, tenemos tiempo para acceder a ese misterio que es la vida en su completud.
Te hacemos una propuesta para este tiempo de pascua, o para el que sea, sin límite. Si el acceso a la resurrección no tiene por qué ser instantáneo, como si fuera un cola-cao, entonces podemos vivirlo con menos presión, sin culpabilidad alguna. Es importante recordarlo, así que, ¿por qué no cambias de muñeca tu reloj de pulsera? Así, cuando vayas a mirar la hora, recordarás que aún hay tiempo para la resurrección, para la vida. Si llevas móvil, puedes cambiarlo de bolsillo… Sé creativo. Cuando percibas en ti, a lo largo de los días, semanas, meses… que hay en ti una transformación, vuelve tu reloj a su sitio habitual, la resurrección ha llegado.

