¡A por la tercera semana de cuaresma!
Poco a poco vamos avanzando por este privilegiado camino de preparación de la Pascua.
Qué majete Pablo hoy en el texto de la segunda lectura (1Co 1, 22-25), qué experiencia de Dios tan potente debía de tener para decirnos que hasta lo más frágil y vulnerable de Dios es más fuerte que cualquier otra cosa que podamos conocer. Esa reflexión nos ofrece consuelo y esperanza para aquellos momentos en los que nos sentimos un poco de bajón, que “haberlos haylos”, y todos los sufrimos.
En el evangelio de Juan (Jn 2, 13-25) descubrimos que Jesús conoce al ser humano no porque tenga súper poderes (qué cómodo es pensar que Jesús era más Dios que hombre, parece que nos evita la exigencia inevitable que conlleva creer la Buena Noticia) sino porque es también hombre de carne y hueso, de sangre y lágrimas, de risa y sueños. Nos conoce porque es uno de tantos (volved a leer el último versículo del evangelio de hoy), uno como cualquier otro, pero empeñado en creer que otra manera de vivir es posible, otra similar a la que el Padre Dios le susurra en el corazón y la Ruah Santa (el Espíritu) le tatúa en la piel del alma.
No se callaba Jesús, no. Buscaba la coherencia con lo que intuía era el camino que el Padre le sugería. Hoy lo encontramos realmente indignado con lo que se encuentra en el templo de Jerusalén. No puede contenerse y la lía parda.
Muchas veces hemos escuchado al papa Francisco pedir a la gente joven que “haga lío”, que la líe parda. Quizás Francisco recordaba este pasaje del evangelio.
Hoy nos unimos a la Revuelta de Mujeres en la Iglesia que reivindica, reivindicamos, una Iglesia igualitaria, sinodal, tolerante con las múltiples diversidades, que rechace el clericalismo y el paternalismo, que ofrezca espacios para el diálogo abierto y libre sobre tantos temas que son mirados con sospecha desde algunos sectores. En nuestra oración anhelamos que no haya más noche y que las mujeres podamos encontrarnos en la Iglesia también como anfitrionas, no solo como invitadas o subalternas.
La tercera frase del credo va muy acorde con el evangelio de hoy, con este Jesús tan humano que nos desconcierta, porque nos coloca en la tesitura de darnos cuenta de que somos muy parecidos a él, luego podemos ser más radicales y más coherentes con nuestra fe. ¿Qué hay en mí que aún no ha sido evangelizado, enamorado por la mirada sanadora de Dios?
“Creo que Jesucristo nació de Santa María, virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado.”
Feliz semana III.
Un abrazo en Dios Trinidad.

