Sábado I Tiempo ordinario

“Estando Jesús a la mesa en su casa, de entre los muchos que lo seguían, un grupo de recaudadores y otra gente de mala fama se sentaron con Jesús y sus discípulos.”

(Mc 2, 13-17)

Jesús incluye en su mesa a todas aquellas personas que el sistema (en su tiempo, el sistema religioso) dejaba fuera: “recaudadores y otra gente de mala fama”.

Sentarse a la mesa con ese tipo de gente significaba contravenir las normas de pureza. Normas que el grupo de los fariseos había engordado de tal manera que era imposible para la gente sencilla cumplir con ellas. De esta manera los “buenos” eran cada vez menos y los pecadores una muchedumbre incontable.

Parece que Jesús quiso romper con este juego de dominación tan antiguo y que nunca acaba de pasar de moda. A lo largo de la historia quienes ostentan el poder, sea el poder que sea, son quienes dictan las normas. Y quienes deciden quienes son los buenos y quienes son malos.

La Buena Noticia que trae Jesús viene a decir que no nos toca a nosotras decidir quién es buena o mala persona. No nos han llamado para ser jueces ni maestros, en el Reino de Jesús solo puede haber discípulas y discípulos, lo que pase de ahí no entra por la puerta estrecha del Reino. Como tampoco entran las riquezas personales ni los privilegios ni los títulos… No es que las personas ricas y poderosas no puedan entrar, ellas sí caben, lo que se tiene que quedar fuera son las riquezas, los privilegios y los poderes.

Por eso las personas despreciadas por los sistemas comprenden fácilmente el mensaje de Jesús. Las enfermas, excluidas, marginadas… las personas de mala fama. Todas las que habían perdido la esperanza de formar parte de algo son quienes se sientan a la mesa con Jesús. Como les parece un gran don, pueden acogerlo, y eso les transforma la vida.

Y a nosotras, ¿cómo nos pilla el Reino de Dios? ¿Habitamos los márgenes o los privilegios? ¿Nos creemos con derecho al Mesías o nos sorprende que se fije en nosotras?

Oración

Enséñanos, Trinidad Santa, a sentarnos a tu mesa con asombro y humildad,

con un corazón agradecido.