Sábado de la VI semana de Tiempo Ordinario

«… y se transfiguró en su presencia» (Mc 9, 2-13)

Jesús permite que le vean en su “completud”, transfigurado. La palabra “trans” significa etimológicamente al otro lado de. En el lenguaje de hoy, traspasar.

En Occidente, en nuestra sociedad  racional y dualista hablamos en términos antagónicos. Eres humano o divino, es de noche o de día. Pero Jesús no vivió eso. Como los polos opuestos de una pila. No son antagónicos, son complementarios. Sin la comunión de los dos, no hay corriente que genere vida en términos de luz, calor, etc. Es importante descubrir, en los polos opuestos, los complementarios. Como las dos orillas de un río (la una sin la otra no pueden existir,  pues no habría posibilidad que el cauce del mismo fluyera) o las dos alas de los pájaros (la una sin la otra no posibilitaría el vuelo).

Esto le pasó a Jesús, fue un instante, una ráfaga, una eternidad sin tiempo. En donde se encontró con Su Padre y esto le hizo sentirse profundamente amado y tener una experiencia de unidad en Él y con todo. Una experiencia de transcendimiento. La sincronía entre lo humano y lo divino. La Unidad de ser hace resplandecer la Luz que es su esencia, y todo se hace transparencia en Él.

Trans, es ir al otro lado de. Integrar las orillas, integrar humanidad y divinidad. Ser y hacer, nada sobra, todo es posibilidad de comunión.

Jesús se siente pleno, colmado, completo. Ha llegado a la perfección, pero no como lo entendemos nosotros, sino en términos de ser uno con el Padre, de paz interior, de completud, de no caber nada más en Él. Jesús vive un lleno total, no necesita ni quiere nada, disfruta de su ser en el Padre.

Toda oscuridad es traspasada por la Luz de la Vida, no hay sombras. Solo el resplandor de la completud del Padre en el Hijo… «Éste es mi Hijo amado».

Jesús, Dios y hombre, comunión de plenitud.

Oración

Padre, que  nuestra vida se transcienda de Amor para poder ser resplandor de Vida nueva, transparente, llena de humanidad y danza.