Casa

Sábado de la Segunda Semana de Cuaresma

“Me pondré en camino, volveré a casa de mi padre y le diré…”

(Lc 15, 1-3. 11-32)

Comenzamos esta segunda semana de cuaresma con esta parábola que es todo un clásico; si se tratara de una película, sería de las de sofá y manta. Pero no, Jesús no nos llama a escuchar o leer por encima el evangelio de hoy con actitud de “como ya me lo sé…” y mucho menos, a acomodarnos en nuestro camino de discipulado.

Veamos, ¿has buscado alguna vez en el diccionario el significado de pródigo?: persona que desperdicia o consume su hacienda en gastos inútiles e incontrolados. El hijo pródigo y sus correrías. Pródigo, sí pero ante todo hijo. Pródigo no es más que un adjetivo, feo, fuerte o todo lo que le queramos añadir; hace referencia a las acciones, a ese desperdiciar o consumir. Nadie es una acción, no somos las acciones que realizamos. Sin embargo, hijas/os sí. Somos hijas desde que nacemos hasta que morimos; o incluso desde antes de nacer, desde el momento en que nos conciben hasta la eternidad. Fíjate, nuestra condición de hijas es mucho más duradera que nuestra vida.

Y donde hay hijas, hay madres y padres, biológicos o no, hay alguien que cuida, perdona y ama; hay alguien que educa y ama; alguien que permite y ama; alguien que espera y ama.

Espera un momento. Jesús dice que el hijo se levanta para ir donde su padre. Esto es muy diferente a lo que nos ocurría de pequeñas, a esas discusiones entre hermanos que nuestros padres cortaban con un: “¿me tengo que levantar?”

Aceptemos la invitación de Jesús, pongámonos en camino y volvamos nuestro corazón hacia nuestro Padre, volvamos a casa como el hijo menor… ¿qué le diremos?

Oración

¿Qué le dirás? Aunque creamos que podemos solas, aunque creamos que no te necesitamos… aún nos quedas Tú, esperando que volvamos a casa. Gracias, Trinidad Santa. Amén.

 Domingo II de Curesma

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