Huracán

Sábado de la III Semana del Tiempo Ordinario

“Se levantó un fuerte huracán y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un  almohadón. Lo despertaron, diciéndole: -Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?”

(Mc 4, 35-40)

Parece increíble pensar que Jesús permanezca dormido en mitad de una tormenta, en mitad de un huracán, cuando la barca en la que estaba debía ser muy sencilla y las olas debían jugar con ella como un niño con una cascara de nuez.

Y a Jesús lo tienen que despertar. Ni el agua ni el viento ni los zarandeos parecen desvelarlo. Cuando, por fin lo despiertan tampoco de sobresalta, solo increpa al viento y al lago: -¡Silencio, cállate! No se sorprende por la tormenta, la furia del viento no le hace temer. Lo que le interroga y le preocupa es el miedo que tienen sus discípulos.

Los discípulos, que bastante tenían con el susto que llevaban, se quedan ahora aun más espantados: “¿quién es este? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!”

También a nosotras nos parece que Jesús se nos duerme en medio de nuestras tormentas personales. Está con nosotras, sabemos que habita la barca de nuestra vida, pero lo vemos dormido mientras el huracán nos amenaza, las olas nos zarandean y nosotras nos sentimos cada vez más incapaces, más perdidas, más asustadas. ¡Y cuanto cuesta despertarle!

En ocasiones parece que no nos oye, que no nos hace caso, que nuestra oración es inútil, que estamos solas. Cuesta seguir creyendo en su presencia, en su compañía, cuando la vida nos pone patas arriba. Cuando la debilidad parece nuestra única compañía. Y ahí está la gracia de la fe: seguir confiando cuando Él está dormido y la barca se hunde. Seguir llamándole y haciendo lo posible por mantenernos a flote, porque Dios tiene una manera peculiar de intervenir en nuestra vida y no suele coincidir con lo que nosotras esperamos o con lo que haríamos. Él es más original, menos convencional.

Oración

Aumenta nuestra fe para que en medio de las dificultades nos podemos mantener fieles a ti.

Domingo III del Tiempo Ordinario