Nuestra oración (Momentos de apertura):

La oración comunitaria es lo más serio de nuestra vida. Muchas de las horas del día las dedicamos a orar y, sin ser un juego, es en la oración donde nos jugamos la autenticidad de nuestra fe y la radicalidad de nuestra vida, así que hemos de hacer que el tiempo de oración comunitaria sea gustoso. No es algo imposible aunque sí a veces complicado.

Escuchamos a Jesús que nos susurra: “No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán”(Mt. 28, 10)

Nos ponemos en camino, y compartimos lo que vivimos, lo que vemos y oímos, lo que palpan nuestras manos. Nuestra oración comunitaria recorre diferentes horas del día, y de esta manera nos reconocemos más vinculadas con la creación, caminando al ritmo del tiempo. Para ello utilizamos los medios más sencillos: un coro monástico circular, sin espacios jerarquizados, sin  adornos excesivos, con las dos mesas hechas de un viejo castaño de la finca; la Palabra presidiendo el espacio celebrativo; una comunidad femenina formando una circunferencia abierta, expresando la bienvenida a quien se acerca a celebrar; uno coro-presbiterio sencillo; un lenguaje inclusivo; diversos estilos de música que intentan conectar la tradición con lo actual (órgano, guitarra, percusión); el silencio con el canto, la palabra y la danza; la luz con la sombra.

Resuena una petición: ¡Habla de mí!”

Com-partir

Estamos viviendo un tiempo en el que la palabra “compartir” aparece incansablemente por cualquier rincón. Compartimos pisos (algunos menos afortunados, habitaciones), la custodia de los hijos, conocimientos, compartimos en las redes con un simple clic,… Prácticamente todo es compartible. Otra cosa es el grado de implicación ante, con, desde y en aquello que se comparte.

Es tan fácil responder a un wathsapp, tan inmediato, que no tenemos tiempo para responder desde el corazón, porque eso lleva más tiempo, más esfuerzo, más… desarrollo. A la hora de compartir lo que nos duele no encontramos interlocutor válido. ¿No hay nadie conectado a mi vida para poder apoyar mi corazón en el suyo?

Nos produce incomodidad compartir lo hermoso y lo oscuro de nosotr@s mism@s, pero necesitamos hacerlo, por eso, en ciento cuarenta caracteres enviamos mensajes al mundo, por si alguien nos lee y nos ofrece mayor espacio para abrirnos; y, mientras llega esa persona, vamos acostumbrándonos y creyéndonos que eso es compartir el interior y que de esta manera adormecemos la inherente necesidad del alma de ser leída por otros ojos.

orandocomunidad

¿Por qué, comunidad de monjas trinitarias de Suesa,
abres tus puertas a cualquier persona en los momentos de oración?

La respuesta es clara, queremos compartir lo central de nuestra vida, lo que nos inunda de alegría el alma, nuestra relación con Dios Trinidad. Consideramos que es la oración comunitaria el momento en el que conectamos con lo sagrado del tiempo, con tantas generaciones de hombres y mujeres que a lo largo y ancho del mundo se han re-unido para mirar al interior de Dios. En la oración de la comunidad se actualiza la vocación de entrega de tantos seres humanos marcados en el alma con la cruz dispersos por los caminos de la tierra.

Nadie está solo, sola, cuando reza, un sinnúmero de susurros lanzan por todo el orbe el nombre sagrado de Jesús, Maestro y Hermano. No pienses que, en tu oración sencilla, y aparentemente individual, estás en soledad.

Sabemos que podríamos compartir otros momentos importantes de nuestra vida, el trabajo, los momentos de las comidas, o del ocio, pero… si de verdad queremos implicarnos y ahondar en el acto de compartir, lo más absoluto, lo que nos deja al descubierto, es invitar a cualquier persona a orar con nosotras. Es nuestra mayor entrega, es la respuesta a ese “habla de mí” que nos susurra Dios.

Ciertamente nuestras vidas transcurren dentro del recinto del monasterio, en lo oculto, en un recorrer las horas con calma y consciencia, saboreando lo bueno y lo malo de la jornada, procurando leer los mensajes de Dios en el discurrir cotidiano. Sin embargo, en los momentos de oración comunitaria abrimos las puertas de nuestro coro monástico y mostramos la vulnerabilidad de la comunidad, nuestra grandeza y nuestra pequeñez. Pero nos parece importante compartir y compartirnos,  “partir-contigo” nuestra relación con Dios Trinidad… el inventor de la comunidad. Si hoy en día se usan las redes para compartir pensamientos, saber o experiencias, nosotras compartimos para poder crear redes con quienes oran con nosotras ocasional o frecuentemente.