Ahora es el tiempo favorable.

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Ahora es el tiempo favorable.

Sí, ahora es el tiempo favorable.

También nosotras, sumándonos a la petición de prudencia y de lucha contra el coronavirus, hemos cerrado nuestra hospedería. Igualmente hemos hecho con nuestras oraciones y celebraciones.

Estos días oramos solas, al menos solas en el espacio físico de nuestro coro. Rara vez sucede esto. Raro es el día en el que no hay nadie acompañándonos, de manera presencial, en la oración de la mañana o de la tarde.

Estos días las oraciones son diferentes, más conscientes de las personas que no pueden reunirse en comunidad para orar.

No tenemos eucaristía. No, tampoco tenemos eucaristía. Somos una comunidad femenina, así que no tenemos ninguna hermana que sea sacerdote, claro.

Se nos insta a «guardar nuestra hambre del pan vivo» para cuando podamos celebrar la eucaristía.

Es inevitable no pensar en tantísimos millares de personas que no pueden celebrar la eucaristía, no diariamente, sino con cierta regularidad, al menos un domingo al mes.

Parece una broma que, tras el debate vivido recientemente con motivo del Sínodo de la Amazonía, y la petición de buscar ciertas soluciones para que sea más asequible la eucaristía para muchas personas, parece una broma, digo, el que ahora, en nuestra enriquecida y privilegiada sociedad, tengamos que estar un tiempo sin poder celebrar la eucaristía.

Igual el Espíritu está queriendo decirnos algo, ayudarnos a reflexionar, al menos darnos cuenta y ponernos en la situación de miles de personas que solo tienen acceso a la eucaristía muy de vez en cuando.

Para muchas personas de nuestro entorno la única manera que conocen para relacionarse con Dios es a través del sacramento de la eucaristía. No se les ha enseñado otras maneras. No saben lo que es orar en silencio, o lo que es la Liturgia de las Horas.

Ahora es un buen momento para repensar cómo estamos ayudando a otras y otros a tener encuentros con Dios.

Cuando esto pase sería bueno plantearse en serio que las cristianas y cristianos tenemos que ser expertos en el silencio y en la hondura de la relación con Dios a través, no solo de los sacramentos, sino de la experiencia personal. Y ayudar a las gentes sencillas que se sienten perdidas cuando «no tienen misa».

Ahora es el tiempo favorable.

Esta crisis sanitaria (y de otros muchos tipos) que estamos viviendo ha de ser oportunidad, como toda crisis, para aprender algo, para ser mucho más compasivas con quienes viven situaciones similares y no tienen medios para afrontarlas: ausencia de sanidad, ausencia de paz, ausencia de medios de comunicación, ausencia de comunidad cristiana, ausencia sacramental,… Si nos duele lo nuestro, cuando nos toca, y procuramos buscar alternativas, seamos más flexibles, más misericordiosos, procurmos pensar qué haría Jesús en esos casos… y actuemos.

Ahora es el tiempo favorable.

Ora et labora.

Un fuerte abrazo a todas y todos en estos tiempos complicados.