¿Tienes cambio?, ¿quieres cambio?

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¿Tienes cambio?, ¿quieres cambio?

No, si ya sé que se dice con buena intención, con el corazón en la mano, es decir, con absoluta sinceridad, pero… no acaba de gustarme del todo la expresión.

¡No cambies!, te dice tu amiga del alma, o un primo al que ves de ciento en viento… ¡No cambies!, te repite, mientras arranca su coche.

¿No cambiar?, creo que es un error.

En la vida todo es cambio: la naturaleza, el tiempo, los pensamientos, las inquietudes,… ¿Cómo podemos pedirnos que no cambiemos? De sobra conocemos la metáfora del agua quieta, estancada, que acaba pudriéndose.

En este tiempo que vivimos, también es un valor reconocer y agradecer que la persona querida cambie, evolucione. Somos “bio”, vida en gestación, danza continua.

No hay nada malo en cambiar, cuando la madurez, la experiencia, nos lleva a ello. Lo absurdo, lo incoherente, sería aferrarse a lo de siempre, no atreverse a mover el pie de la casilla.

El cambio está en cada uno, en la propia voluntad, asumiendo lo que la vida va trayendo, filtrándolo y usando las piedras y el mortero que nos trae para construirnos un poco más.

No podemos pedir al otro, a la otra, que se quede en un presente que se convertirá en pasado. Como tampoco podemos pedir a nadie que cambie su presente para que mejore el propio. No, el cambio se gesta en cada cual, a base de aceptación, de voluntad y de gracia.

Parece todo una contradicción. Por un lado pensamos que es bueno que la otra persona cambie, porque eso expresa que hay vida en ella, y por otro lado no podemos pedirle que cambie sino que es mejor que el cambio se dé en mí.

Ahora que nos gusta controlarlo todo, ser lo más utónomos posible, evitando todo lo posible depender de los demás, que cada cual tiene su coche, su móvil su ipad (o que aspira a ello), ahora, por el contrario, queremos que se nos arregle la vida pidiendo al otro que la cambie.

¿No eres tan autónomo?, pues arregla tu vida si depender de que el otro arregle la suya… porque quizás no lo haga.

EN fin…si es que no hay quien nos entienda.

Pura paradoja, otro misterio vital.

¿Qué puedes cambiar en ti?

¿Qué quieres que se mantenga en ti?

“¿Quieres?”, decía aquel loco sanador de Nazaret, “¡pues extiende tu brazo inválido”!

 

Time of change and transformation…