La rutina que hace un gran día

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La rutina que hace un gran día

“Si la rutina te aplasta, dile que ya basta de mediocridad”

 

¿Recuerdas esa frase? Seguro que sí, es parte de una vieja y brillante canción que probablemente habrás tarareado en numerosas ocasiones, “Hoy puede ser un gran día”, de Serrat.

Estamos en la primera semana del tiempo de Adviento, comienzo de un nuevo año litúrgico, uno de los “tiempos fuertes” que nos ofrece la liturgia como ayuda en el camino de la celebración de la fe.

En Adviento nos encontramos con algunas pistas para recuperar la ruta si andamos desorientadas, o para atar con más fuerza los cordones de las botas si, por el contrario, estamos ya en el camino correcto.

El ritmo cotidiano puede hacer que el alma se nos incline hacia una rutina que nos aplasta, escorándonos peligrosamente hacia la mediocridad. La rutina no es mala, qué va, pero sí es perniciosa si se convierte en mochila que nos carga y no en butaca que nos descansa.

En estas semanas estaremos llenas de claves para hacer nuestra fe más fuerte, más viva, nuestra esperanza más confiada; nuestra entrega más humilde, más “descendida”.

Podemos rumiar el misterio de Dios hecho ser humano. ¡Qué idea tan original! Solo a un genio se le podía ocurrir hacer algo semejante.  Es la genialidad de Dios, o la inmensidad de su amor, que lo desarma, lo abaja.

Todo comienza con esa idea, con el proyecto de Dios de hacerse humano, y así hacernos aún más humanos a nosotros, quienes nos creemos expertos. Porque ser humano es ser como Él. Él es el modelo a seguir, no a imitar, y que cada cual tenemos nuestra peculiaridad (herencia trinitaria), pero sí es el modelo en el que fijarnos , en el que inspirarnos para poder construirnos como personas, y como creyentes.

“Si la rutina te aplasta, dile que ya basta de mediocridad, […] que todo cuanto te rodea lo han puesto para ti…»

Vigilantes en lo cotidiano, en la rutina que nos permite reconocer la propia vida.

Y recordando aquella figura de los serenos que velaban por la calma de nuestras calles: ¡Primera semana y sereeeeeeeeeeeeeeeenoooooo!