Nuestra relación con el mundo

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Nuestra relación con el mundo

Una de las cosas que más nos pregunta la gente, o sobre lo cual tienen ideas más equivocadas, es sobre “nuestra relación con el mundo”. Algunos creen que nos separamos de él, o que estamos por encima, o que no nos interesa, o que nos protegemos de él…

Lo cierto es que nuestra vida en el monasterio supone tomar distancia de la sociedad. Pero esto no es una forma de desentendernos del mundo, sino, por el contrario, de buscar entenderlo más, en su profundidad y complejidad, porque lo queremos.

Esta distancia nos permite reflexionar y valorar, ser críticas y no adoptar modas y novedades impulsivamente, sin criterios. También nos permite crecer en unos valores que no son los más cotizados en la sociedad, y que al principio nos cuesta hacernos nuestros, pero que son los que susurran la sabiduría de la tradición y la Palabra de Dios.

En nuestra vida, la inmediatez y la rapidez dejan lugar a la paciencia, a la perseverancia y a los procesos (¡cuántas veces la Biblia nos invita a “esperar en Dios”!). No buscamos el éxito (ni el grande ni el pequeño), sino la entrega humilde de lo que cada una es y puede dar. Nuestra fuerza es la confianza y la unión, no nos hacemos fuertes compitiendo y aplastando a otras, o dejándolas de lado. No perseguimos satisfacer ambiciones personales a cualquier precio, sino que caminamos en comunidad.

Para nosotras es importantísimo vivir el presente, estar presentes allí donde estamos, y en lo que estamos haciendo. Por esto intentamos evitar que ordenadores y móviles nos alejen constantemente de nuestro aquí y ahora. Queremos vivir en el tiempo, y no contra él, enteramente en un lugar, y no fragmentadas en varios.

En definitiva, nuestro estilo de vida, que se desarrolla en el monasterio, no pretende aislarnos del mundo, sino llegar a la comunicación más profunda, a la comunión, con toda la Creación, con toda la Humanidad.