Tus palabras como aves que…

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Tus palabras como aves que…

¿De qué está llenas nuestras palabras? o, dicho en boca de Jesús podría ser algo así como «¿de qué hablabais por el camino?».
Buena pregunta, sí señor.  ¿De qué hablamos en el camino de la vida? ¿En qué gastamos nuestras palabras? Porque nuestro día a día está saturado de ellas, bien porque las pronunciamos, bien porque las escuchamos, o al menos, oímos.

Dicen las leyes espirituales que recibimos aquello que enviamos y lo mismo sucede con las palabras, si pronunciamos bendición recibiremos igualmente bendiciones.

Cuando pronunciamos palabras éstas ya no son nuestras, las hemos dejado libres, no nos pertenecen. Por eso es importante vivir unificados, de tal modo que nuestros pensamientos nuestras acciones y nuestras palabras vayan acordes.

Desconocemos el alcance del poder de las palabras, pueden ser manos que acarician o puños que golpean. Pueden ser aves blancas que llevan buenas noticias, o pájaros de mal agüero.

¿De qué hablabais por el camino? ¿Qué os bulle en el alma? De lo que rebosa el corazón habla la boca. Es bueno, aún más, es sano, revisar el contenido de nuestras conversaciones, de lo que hablamos y de aquello de lo que evitamos hablar. Y también es sanísimo seleccionar lo que escuchamos. No todas las letras de las canciones son buenas, de calidad, hay músicas, y letras,  que nos enferman, que nos manipulan. No todas las conversaciones producen buenos frutos, ni todo lo que nos cuentan, ¿por qué no hemos de seleccionar aquellas conversaciones que hieren, que per-vierten, que no dignifican ni al emisor ni al receptor y ni siquiera al universo que rodea a ambos?

Te invitamos a reflexionar, en el silencio, sobre el valor de tus palabras. Haz un sano ejercicio hoy de saborear lo que pronuncias, lo que escuchas Elige bendecir, y siempre serás bendecida/o.

Tus palabras… como aves…