Crónica del verano monástico

Crónica del verano monástico

Sí, decimos monástico porque es evidente que no se vive de la misma manera el sol, la luz y la vida del verano desde la dimensión monástica. Aunque ciertamente en el monasterio hay más idas y venidas, la hospedería acoge a viejos amigos de los de siempre, de los de casa, y gente nueva que se acerca despistada o animada por otras personas. También echa de menos a quienes no han podido acercarse.  Con todas ellas hemos orado en estos meses de verano.

Nos queda en el corazón las miradas y los abrazos compartidos, este año a vista de pájaro, con un dron que nos dejó unas imágenes espectaculares del monasterio: belleza y esplendor de esta Cantabria en la que vivimos que es infinita y eterna.

Hemos tenido algún que otro percance que nos ha hecho reflexionar sobre la inmovilidad que nos provoca  lo que acumulamos. A efectos prácticos lo descubrimos cuando una tarde, justo antes de la oración, una hermana descubrió que la provisoría (el almacén de la comida) estaba empezando a inundar. La razón era que las cañerías estaban atascadas. ¡Menudos lío! Pero el fiel fontanero vino al día siguiente con lo necesario para desobstruir y sacar los bloques de grasa solidificada que se habían ido acumulando a lo largo de los meses. Una buena metáfora de la vida misma, lo que amontonamos en casa a nivel de trastos, lo que dejamos que obstruya nuestras relaciones, lo que se nos queda agarrado en el corazón…. Para percances el de la web, que se desconfiguró al intentar actualizar una cosilla. Así que después de estar unos días entre plugins, ccs y templates conseguimos, mira por donde, renovar la página. No, no está perfecta, pero es que esto también es una buena metáfora de nuestra comunidad, nos recuerda nuestra imperfección y vulnerabilidad.

Y para acabar esta crónica, dejemos como colofón un texto que nos declamó uno de los voluntarios en la despedida. Han trabajado en la huerta, se han peleado con las zarzas, han compartido la oración, en definitiva, han explorado otra manera de vivir. Y aquí el texto de Miguel Hernández que según nuestro voluntario ha comprendido con más profundidad después de estas semanas en Suesa:

Tristes guerras

si no es amor la empresa.

Tristes. Tristes.

Tristes armas

si no son las palabras.

Tristes. Tristes.

Tristes hombres

si no mueren de amores.

Tristes. Tristes.