El amor en un frasco de mar

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El amor en un frasco de mar

Merche y Txabi celebran sus 25 años como matrimonio y comparten con nosotras, y con quien quiera leerlo qué es el amor. ¡Felicidades!

 

«El amor no existe, es solo atracción, interés o necesidad de poseer» «El amor para siempre es una quimera, una utopía» «Decimos amor cuando queremos decir sexo, genitalidad, pulsión sexual». Y más «fake news».

Es algo difícil de imaginar pero hago el esfuerzo. Me imagino llevando agua de la playa donde paseo cuando solo quiero mojarme los pies, me baño si deseo refrescarme o disfruto horas nadando sintiéndome integrado en esa enorme realidad viva que cambia, que se mueve y que me hace reconocerme tan fuerte como una «servilleta de papel» a su merced.

Y llevo ese agua en un frasco vacío de café instantáneo. Y se lo ofrezco a alguien (aquí extiendo mi imaginación) que no conoce la mar. Y le hablo de ella, de los paisajes costeros, de la pesca, del inmenso valor biológico que contiene, de la posibilidad de conectar lugares muy distantes deslizándose sobre ella braceando, remando o aprovechando la fuerza de un motor o del viento en un lienzo de tela. Y le digo que me tiene maravillado.

Pero esa persona abre el frasco, se lo lleva a la boca y frunce el ceño en un gesto de desagrado al tiempo que me dice:

«Mar, mar, solo veo agua sucia, salada y con un regusto a café. ¡Ya sabía yo que eso que llamáis mar no existe! Es un invento de escritores, de poetas, de la televisión, y la gente que dice volver de la playa solo trae arena en las suelas pero no trae nada de mar.»

Le pido disculpas: «El sabor a café es culpa mía, no limpié bien el frasco. La mar es mucho más grande que lo que he podido traerte en mi frasco. Ven conmigo a la playa, a un puerto, a un acantilado y verás lo que es la mar.»

Me siento como aquel personaje que descubrió Agustín, (un intelectual de su época), tratando de meter el océano en un pocillo en la playa.

Cuando queremos hablar del amor nos vemos limitados por nuestras emociones, nuestras experiencias, nuestra limitación o nuestra fragilidad. Y eso es muy humano.

Sólo cuando descubrimos que ese AMOR es un regalo recibido para regalar a nuestro alrededor, podemos entender que nuestro proyecto de amor haya durado más de 25 años e imaginar que tiene la capacidad de durar otros tantos.

También es cierto que han sido y serán necesarios esfuerzos, renuncias y sobretodo desprenderse de lo que limita, ensucia u oculta la mar en nuestro frasco de café.

Quizá ahí esté la respuesta a por qué después de tanto tiempo la miro y sigo queriéndola, (espera, se me ha debido meter algo en el ojo,… o en los dos), sigo apostando por nuestro proyecto compartido y todavía me ilusiona seguir construyéndolo (y ya, … que va a parecer que todavía estoy enamorado).

Cuando descubro que el agua de mi frasco solo es una ínfima porción de la mar inmensa, brota en mi la necesidad de agradecer cada playa, cada puerto, casa acantilado, (cada parroquia, cada monasterio, cada comunidad humana) que parece rellenar permanentemente mi frasco de porciones de la mar.

Gracias Dios Trinidad por permitir que unas veces solo me atreva a refrescar un poco los pies, otras pueda quitarme el sudor y el sofoco con un buen baño y siempre estés dispuesto a que nade y bucee en tus entrañas de AMOR.

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