EL SILENCIO, puerta hacia Dios

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EL SILENCIO, puerta hacia Dios

Para entrar en la profundidad del camino interior hay que saber esperar a la puerta, y los antiguos pensaban que si alguien no tenía capacidad de espera exterior tampoco la tendría para llevar a cabo un camino interior.

Cada una de nosotras hemos experimentado que necesitamos silencio. Al principio cuando comienzas esta aventura pasados los primeros inconvenientes físicos, te encuentras a gusto, pero tarde o temprano llegarás a una puerta que no puedes traspasar por puños ni por fuerza de voluntad, porque esta puerta se abre desde dentro.

Al llegar a esta puerta que es una zona de sombra donde emergen mil ruidos de pensamiento, sentimientos etc., muchos tienen la “tentación” de huir” y muchos lo hacen , porque silenciarse cuesta.

Esperar en la puerta, en el umbral no es fácil. Estamos acostumbrados a resolver pronto y eficazmente lo que sucede, pero el camino de la interioridad no es así.

La puerta se abrirá cuando cada sujeto esté preparado para acoger la novedad de Vida que le viene. Lleva un camino largo, pues es la unificación de lo que somos.

Nuestros pensamientos, emociones, sentimientos, van desalojándose de nosotras. Dejamos de identificarnos con los pensamientos y entonces emerge un nuevo estadio de conciencia, dejo de vivir en la mente, en lo aprendido, en lo conocido, y se abre  una manera nueva de estar y ser.

Esto puede llevar toda una vida, pero hay instantes, hay fogonazos de presencia de una misma siendo quién realmente eres y es entonces cuando conectas con el Dios que te habita y tu presencia se llena de Presencia y te llenas de sabiduría y compasión.

Fijaos las palabras de Jesús en el Evangelio, “Yo os digo: “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá .Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. (Lc, 11,913).

La respuesta a la llamada interior viene de una misma. No se abre desde fuera, no hay guardianes, ni se abre la puerta porque quiera el sujeto, sea abre cuando me encuentro con quién soy y no con quien creo ser.

A mí esto me recuerda a un parto, no nazco cuando quiero, nazco cuando se ha establecido el tiempo en que estoy completa y tengo posibilidad de vivir.

La madre espera pacientemente sabiendo que necesita un tiempo de “hacerse el bebé”, no se le ocurre sacarlo a los cuatro meses para mirarlo…

Confianza y paciencia en la espera.