Hacernos comprensibles

Universidad Howgarts

Hacernos comprensibles

Todo surgió con una pregunta que no era más que un intento de hacernos comprensibles para esta nueva generación. Hace unas semanas vinieron al monasterio un grupo de monitores de una parroquia de Guadalajara. En el encuentro que tuvimos con ellos por la tarde nos preguntaron cómo habíamos llegado aquí, por qué vivíamos en un monasterio, una vida tan aparentemente diferente a la de la mayoría de la gente. ¿Cómo explicar eso de la vocación a un grupo de universitarios? Se suele recurrir a la comparación, pero… ¿con qué lo compararemos? Se nos ocurrió utilizar un símil familiar para ellos.

«Para hacernos comprensibles podríamos compararnos con Harry Potter. Sí, tal vez sea sorprendente pero veréis, es fácil de comprender. Aunque vosotros sois muggles, aunque tal vez no todos, podéis comprender que cuando alguien comienza a sentir una invitación a la vida monástica te consideras una persona de lo más normal. Nada por fuera puede diferenciarte de los demás, aunque son tus intuiciones las que te hacen diferente. Un mundo nuevo comienza a abrirse en el horizonte de tu vida. Te descubres capaz de otra dimensión de la vida, más profunda, más del corazón.

Las lechuzas comienzan a mandarte mensajes que sólo tú puedes descifrar, y no te dejan en paz, cada vez más insistentes. Llega un momento en que entiendes que tienes que lanzarte y apostar por la matrícula en la Universidad Howgarts de Mística y Trascendencia. Tal vez no es la universidad que soñabas o en la que espera tu familia y amigos que te inscribas, pero tú sabes que al menos tienes que intentarlo.

Podéis entender quién es el director de esta Universidad, y el Maestro por excelencia: Jesús de Nazaret, con su convincente manera de atraer y acompañar. Es cierto que se apoya en otras personas que también son maestras y colaboran con algunas partes del programa. Las clases no son como las tradicionales, todos sentados escuchando un profesor, sino mas bien digamos que, caminando, y bastante personalizadas.

Aquí se aprende poco a poco, en la medida que cada una va comprendiendo, ahondando y aprendiendo a amar. Tampoco las asignaturas son las clásicas, hay clase de escucha activa, vida en el presente, también de paciencia, de conocerte a ti misma y de lenguaje bíblico, esta última os sonará más. Las alumnas no se llaman así, sino discípulas y no se clasifican por edad, sino que en una misma clase hay discípulas de diferentes generaciones.

Hay conjuros, claro, como el de «Summa Caritate», que es el más difícil de aprender pero el más efectivo en todas las circunstancias, también se aprende pronto el de «Gaudium» (Alegría) que te lo enseñan al inscribirte, o el de «Pax», que tiene su truco.»

Con esta explicación se quedaron conformes y dio pie a un bonito diálogo sobre lo que nos mueve en la vida, sobre el compromiso cristiano y la vocación a la vida consagrada, a algo más, a asumir los riesgos y lanzarse al seguimiento de Jesús.