Cuando las mujeres crean la historia

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Cuando las mujeres crean la historia

Esta entrada tiene fuerza por sí sola gracias a un viejo tema que suena nuevo solo con cambiar unas pocas palabras, en realidad una.

Qué fuerza y qué actualidad tiene la frase «mujeres nuevas que viven la existencia como riesgo de un largo caminar», cuando sientes que te roban la posibilidad de confiar en cualquier varón, por temor a lo que pueda suceder.

Qué cansancio tener que explicar una y otra vez que las monjas también pensamos, y tenemos ideas, que no necesitamos que nos vigile nadie, solo que nos acompañe, nos aliente, y nos deje caminar,… incluso equivocarnos.

Qué tristeza, Señor, qué tristeza, cada vez que alguien nos dice que somos menos monjas por no llevar velo, por incluir la danza en la oración, por estudiar o por no rezar el rosario de manera comunitaria. Pobre, qué pobre tu capacidad de ver más allá.

Qué impotencia cuando se nos exige lo que no se exige a los monjes, por ejemplo, cuando es la misma vocación, aunque la historia se haya empeñado en llevarnos por caminos diferentes.

Qué dolor, Señor, sí, qué dolor, cada vez que no se nos mira como a iguales, en la bendita igualdad que ofrece la diferencia.

Qué ira (no sé si santa o no) cada vez que pisan los derechos de las monjas, haciéndonos creer que no podemos, que no sabemos, que no somos…

Qué alegría cuando se nos pregunta con interés, cuando se reconoce y se valora el potencial de la vocación monástica femenina.

Qué alegría cada vez que alguien agradece el esfuerzo de preparar la liturgia, de compartirla, con toda la sencillez, con toda la limitación.

Qué alegría cuando no se nos juzga, y se nos tiene en cuenta, cuando no nos miran con condescendencia sino con madurez.

«Mujeres nuevas, creadoras de la historia, constructoras de nueva humanidad,

mujeres nuevas que viven la existencia como riesgo de un largo caminar.

Mujeres nuevas sin frenos ni cadenas,

mujeres libres que exigen libertad»

 

Gracias por esta versión. Lo que hace el lenguaje, ¿eh?