Lo que hay detrás de las nubes

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Lo que hay detrás de las nubes

… a veces son más nubes.

-Sí, bueno, pero no siempre.

_¿No? Anda que… cada vez que vengo a Cantabria llueve.

-Que no, mujer, que a cualquier cosa le llamas tú llover. Que esto es un calabobos pero verás que esto no acaba así.

-Imposible, mira cómo ha amenecido, y sigue el cielo cerrado, mira qué nubarrones.

-Anda, hazme caso, que de lluvia, nubes, confianza y sorpresas sabemos mucho por aquí.

-¿Seguro?, yo por si acaso saco el chubasquero.

-Muy bien, y te pierdes el placer de caminar bajo la lluvia serena, en este día templado, sintiendo el agua sobre la cara.

El tiempo aquí es casi como la vida, amanece con nubes y al cabo de un rato se nos llena el alma con un sol espléndido. Por eso te digo que detrás de las nubes no siempre hay más nubes. Es cierto, a veces sí, y la cosa parece que no se aclara y el día no levanta, pero… es cuestión de tiempo, de paciencia, de confianza.

Me decía mi abuela que el cocido salía bueno en puchero, nada de olla exprés, que se tenía que cocer todo despacio, y confiar que no se pegaran las alubias, pegándole un meneo a la cazuela de vez en cuando. Ahora, con tantas prisa, tiramos de botes, de latas, y comer un cocido es motivo de fiesta. La vida no la saboreamos, la engullimos y pasamos al plato siguiente. Luego vienen las «malas digestiones». 

Estamos hechos para paladear, para disfrutar de los momentos, para darle a cada cosa su tiempo, y saber que la lluvia es de color verde, que la necesitamos, y que las nubes también nos protegen. La variedad de la vida, la diferencia en las circunstancias hace que crezcamos, que maduremos y que aprendamos a afrontar situaciones adversas, sacando de ellas nuevas experiencias.

-Bueno, en esto tienes razón, supongo que es cuestión de decidir cómo vivir cada momento. Yo veo un día aburrido y gris y tú ves una oportunidad para sentir la lluvia. Eres muy sabia, ¿eh?

-No, hijuca, es que soy de aquí, y conozco el tiempo.

-Mira, parece que aclara por allá, encima de esa peña.

-¿Ves?, venga, te invito a un cocido montañés, celebremos que tras las nubes siempre hay un bello sol.

 

¡Buen provecho!

 

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